Yo personalmente como director no soy partidario de ningún tipo de ideología como mensaje.

 

 

En este momento, en este café, estamos sentados al lado de extraños.

Todo el mundo se levantará, se marchará, y seguirá su camino.

Y, entonces, nunca más se volverán a encontrar.

Y si lo hacen, no se darán cuenta de que no es por primera vez.

 

 

Los personajes de las películas nacen como instrumentos, pero en un momento dado – sé incluso exactamente cuándo: hacia la página 25 del guión -,  empiezan a vivir sus propias vidas, a comportarse de cierta forma y luego ya no se puede hacer con ellos lo que uno quiere…

El dinero termina convirtiéndose en una trampa: cuanto más se gasta, más concesiones hay que hacer a los espectadores, para atraerles en masa y poder cubrir los gastos.

Es cierto que el cine está hecho para los espectadores, pero hay que tener mucho cuidado para no caer en esta trampa gigantesca en la que ya se están debatiendo los americanos. Siguiendo esta dinámica, lo único que se hace es fabricar películas cada vez más cretinas, considerando que la gente es cada vez más imbécil, lo que no deja de ser un error.

El problema es que hay bastante gente para ir a ver películas, pero no la suficiente para enjugar estos enormes presupuestos.

Creo que hay que ofrecer la alternativa de películas diferentes y que no sean caras, para un público ciertamente menos numeroso, pero capaz de contrarrestar la creciente oleada de cretinismo que nos invade.

Por otra parte, sé que también tengo mi parte de responsabilidad en todo este asunto, porque yo soy un ciudadano pasivo, que no mueve un dedo para solucionar el problema. Me siento impotente.

¿Qué puedo hacer yo?

Puedo describir el mundo, pero no puedo cambiarlo.

¿Se está perdiendo el conocimiento del cine? Sin lugar a dudas.

Pero no es algo privativo del cine. Lo mismo está pasando con la literatura, el teatro, la pintura, la música… Y eso me entristece.

Todo comenzó hace unos quince años. Se trata de una tragedia y de un vacío, contra el que creo que estamos desarrollando una especie de defensa natural. Este vacío está comenzando a alcanzar a los espectadores, que lo están empezando a sentir como algo doloroso.

El gran problema del documental es que no todo puede ser descripto. Esa es su propia trampa. Cuanto más se quiere uno acercar a alguien, más se cierra esa persona. Es algo perfectamente natural; no hay nada que se pueda hacer al respecto.

Si estoy haciendo una película sobre el amor, no puedo meterme en un dormitorio si una pareja está allí realmente haciendo el amor. Si estoy haciendo una película sobre la muerte, no puedo filmar a alguien que se está muriendo porque ésa es una experiencia tan íntima y tan extrema que nadie tiene el derecho de alterarla.

Ese probablemente sea el motivo por el cual me pasé a la ficción.

Allí no hay ese tipo de problemas. Si necesito una pareja que haga el amor, la consigo. Se supone que alguien debe morir. Está bien: en un minuto esa persona se volverá a levantar. Y así en más.

Hasta puedo comprar glicerina, ponerla en los ojos de una actriz y tener lágrimas.

Más de una vez filmé lágrimas de verdad. Es algo completamente diferente. Pero ahora consigo glicerina. Me asustan las lágrimas verdaderas. De hecho, no sé siquiera si tengo el derecho de filmarlas.

Hay veces que siento que estoy en una región sin límites. Esa es la razón por la cual me escapé del documental.

Todos mis films, desde el primero hasta los más recientes, son acerca de individuos que no pueden encontrar un sentido absoluto a sus actos, que no saben del todo cómo vivir, que no saben realmente dónde está el Bien y el Mal, que están buscando desesperadamente.

Buscando respuestas a preguntas tan elementales como: ¿Para qué es todo esto? ¿Para qué levantarse por la mañana? ¿Para qué acostarse por la noche? ¿Para qué volverse a levantar?

En un sentido, el amor se contradice con la libertad.

Si uno ama, deja de ser libre; comienza a depender de la persona a la que ama, cualquiera sea.

Cuando se ama a una mujer, uno vive con valores diferentes, como si viera a través de sus ojos. Uno siente que no puede hacer lo que quiere. No pretendo filosofar, pero la historia que quisimos contar gira en torno de ese sentimiento de libertad en relación al amor.

Si hago películas sobre el amor (en el sentido más amplio del término), es porque para mí no hay nada más importante. El amor, si se entiende como aquello que empuja hacia algo, gobierna totalmente el sentido de nuestra vida.

Y por lo demás, todos los libros y todas las películas hablan del amor o de la ausencia de amor, que es la otra cara del amor… Ahí está todo.