¿dónde terminan tus palabras y comienzan las mías? en estos juegos que son para los dos una grata coincidencia, la más tangible posible en un espacio virtual.

 

virtual, así fue nuestro encuentro por un par de meses hasta que los dos cansados empezamos a buscarnos.

 

hasta encontrarnos. hasta que reconocernos resulte inevitable. hasta que nuestras mentes se digan. “si, aqui es, este es el rostro. este debe ser, pues sus facciones son justo los pliegues del alma que había imaginado.”

 

Imaginado, así era el mundo que construimos, con palabras, voces distantes, susurros y alguno que otro secreto del que los dos eramos complices.

 

y luego habrá que enterrar nuestro secreto en la tierra, en un lugar que sólo tú y yo conozcamos; donde nadie, más que nosotros, lo encuentre. en el hoyo de un sequoia, en el hoyo de un baobab, en el de un árbol de tule, que morirán seguramente mucho antes de que nuestro secreto pueda siquiera marchitarse.

 

hoy después de un año recordaba como vi lo nuestro marchitarse, como nos fuimos alejando poco a poco, como permanecimos en la orilla sin atrevernos a estar cerca, tan solo por instantes como la espuma de de las olas que dura fracciones de segundo para alejarse dejando una estela transparente y su sonido como un eco casi imperceptible.

 

y el paso de los años, inclemente con todo lo que es temporal. habrá entonces que anclarnos en un instante, no viviendo en él, sino reproduciéndolo, como en un espejo las imágenes. como el eco. hagamos eco de nuestras voces, sigamos jugando nuestros juegos, haciendo colisión de nuestras frases… y tal vez el murmullo así no cese nunca, hasta confundirse con lo eterno.

 

a mi también me parecio eterno el instante en el que descubrí tu mensaje en la botella, el inicio.

 

Y así, comienza un nuevo ciclo.

 

Un nuevo ciclo empieza y me pregunto si te volvere a ver, si nos volveros a contar historias, si alguna otra vez visitaras mis sueños.