Edgar Allan Poe, Jules Verne, Howard Philiphs Lovecraft… Tres de los mas importantes autores de la literatuta fantástica convergieron con alguna de sus historias en un único y terrible punto del mapa: El Polo Sur. Esta nota recorre el camino que hicieron estos autores al país del hielo eterno.

 


Una serendipia es un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado. Se puede denominar así también a la casualidad, coincidencia o accidente.

 

 

El término serendipia deriva del inglés serendipity, neologismo acuñado por Horace Walpole en 1754 a partir de un cuento tradicional persa llamado «Los tres príncipes de Serendip», en el que los protagonistas, unos príncipes de la isla Serendip (que era el nombre árabe de la isla de Ceilán, la actual Sri Lanka), solucionaban sus problemas a través de increíbles casualidades. Las versiones inglesas del relato provienen del libro Peregrinaggio di tre giovani figluoli del re di Serendippo publicado en Venecia en 1557 por Michele Tramezzino, según traducción de Christoforo Armeno.

 

El cuento se recoge en el libro de poemas de 1302 Hasht Bihist (“Ocho paraísos”) de Amir Kushrau.

 

 

La palabra serendipia se usó mucho en sus orígenes, pero fue cayendo en desuso. El término chiripa, mucho más utilizado en lenguaje coloquial, podría considerarse también como un sinónimo de serendipia, si bien se tiene como un modismo de uso no general en el mundo hispanoparlante, se usa con una connotación más bien festiva y se refiere comúnmente a casualidades o eventos fortuitos en la vida cotidiana, incluso a hechos intrascendentes.

 

 

En Las aventuras de Arthur Gordon Pym” escrito por Edgar Allan Poe en 1850, se cuenta la historia de un naufragio cerca de las islas Malvinas del cual quedan cuatro supervivientes. Acuciados por el hambre, sortean entre ellos a quién van a matar para comérselo, y pierde un grumete llamado Richard Parker. En 1884, una goleta británica naufragó cerca de las islas Sandwich. Quedaron cuatro supervivientes, y echaron a la suerte a quién debían matar para comérselo y sobrevivir. El desafortunado resultó ser un grumete llamado… Richard Parker.

 

 


La Antártida, desde su descubrimiento, fascinó a los hombres. En el siglo XVII el marino británico James Cook fue el primero en cruzar el círculo polar antártico. A partir de ese momento numerosos barcos se acercaron al continente hasta que el 7 de febrero de 1821 el marino estadounidense John Davis logró colocar su pie sobre la tierra (el hielo en realidad).

 
Las descripciones que llegaban eran muy llamativas: desiertos helados y atardeceres eternos convertían a la Antártida en un lugar realmente misterioso.

 

 

Las noticias sobre este nuevo continente llegaron a los oídos del brillante escritor Edgar Allan Poe, quien siempre se mantenía informado de las últimas novedades científicas (al fin y al cabo la geografía es prácticamente un ciencia).

 

 

Poe se sintió hechizado por el polo sur, el cual lo inspiró para escribir uno de sus primeros relatos Manuscrito hallado en una botella y posteriormente la novela Aventuras de Arthur Gordon Pym. A su vez la novela de Poe inspiró a otros dos grandes de la literatura fantástica, Jules Verne y H.P. Lovecraft, a escribir sus propios relatos antárticos (también el ignoto Charles Romyn Dake escribió una olvidada secuela de la obra de Poe).

 

Las Aventuras de Arthur Gordon Pym

 


Las Aventuras de Arthur Gordon Pym (Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket) fue originalmente publicado en entregas en el Southern Literary Messenger en el año 1837, solo 16 años después de que Davis pisara la Antártida.
Si bien apenas suma unas 200 páginas es la obra más extensa que escribió Edgar Allan Poe.

 

 

Las Aventuras… es un relato en primera persona, narrado por el mismo Arthur Gordon Pym. Este es un joven de espíritu aventurero que se embarca subrepticiamente en el barco del padre de un amigo.

 

 

Su vida de polizón se complica sobremanera cuando el navío sufre un motín luego de una serie de intrigas (evidentemente esta síntesis argumental está muy simplificada) Pym logra recuperar el control del barco en el cual sólo quedan otros tres sobrevivientes: August, Peters y Parker. En medio de una tormenta el navío naufraga y si bien se mantiene a flote sus ocupantes se quedan sin provisiones. Esto da lugar a una de las situaciones más horribles que se han llegado a ver en la literatura. Los sobrevivientes debieron recurrir al canibalismo para sobrevivir: mediante un sorteo, la elección de la paja mas corta, los navegantes decidieron quien debía morir para servir de vianda al resto. El perdedor resulto el desdichado Parker.
Finalmente el pecio es rescatado por la goleta Jane Guy con sólo dos sobrevivientes: Pym y Peters.

 
La Jane Guy era capitaneada por William Guy cuyo principal objetivo era investigar las zonas inexploradas cerca del polo sur. Hacia allí se dirigen con el barco, logrando cruzar la barrera de hielo y descubriendo una extraña isla habitada por salvajes de piel negra y un inexplicable terror hacia todo lo blanco. Estos se muestras muy amistosos, pero finalmente mediante una trampa logran asesinar a casi todo la tripulación de la Jane Guy. Solo se salvan Dirk Peters y Arthur Gordon Pym.

 
Los dos sobrevivientes logran mantenerse con vida y descubren en la isla una serie de curiosas inscripciones, finalmente logran hacerse de una canoa con la que se lanzan a la mar en donde encuentran una irresistible corriente que los empuja hacia el sur, hacia el polo.
A medida que acercan al fin del mundo todo el entorno va cambiando, se ve una enorme columna de vapor en el horizonte, el agua toma un tinte lechoso y se calienta, cae sobre le canoa un finísimo y pálido polvo, decenas de aves gigantes y blancas gritan ¡Tekeli-li, Tekeli-li!

 
Sin dudas lo más sorprendente es el final, transcribo textualmente:
Entonces nos precipitamos en el seno de la catarata, que se entreabrió como para recibirnos. Pero he aquí que, a través de nuestro camino, se alzó una figura humana de proporciones mucho mayores que las de ningún habitante de la tierra, con el rostro velado; el color de su piel tenía el blanco purísimo de la nieve.

 


Eso es todo, mas abajo sólo figura la explicación de que Pym falleció sin escribir los últimos tres capítulos de la historia, además hay una escueta explicación de las inscripciones halladas en la isla escritas en diferentes lenguas (árabe, etíope) y que sólo agrega mas misterio al asunto.

 

 

Hay quien dice que los mejores finales son los que dejan mas preguntas que certezas. Si aceptamos esto, Las Aventuras de Arthur Gordon Pym tiene uno de los finales mas brillantes que hemos leído.

 

 

Esta obra, bajo el aspecto de un simple relato de aventuras, entraña diversas implicancias que la alejan del carácter aparentemente evasivo de este tipo de literatura. Uno de los elementos más curiosos pasa por el terror a lo blanco,color que la tradición siempre le asignó valores de pureza y bondad.

 

 

La Esfinge de los Hielos

 


En abril de 1864 se publica Edgar Poe et ses euvres, firmado por un tal Jules Verne. Este escritor estaba dando sus primeros pasos y todavía estaba lejos el día en que lo bautizaron El Padre de la ciencia ficción. El ensayo mencionado no es otra cosa que un panegírico a la obra del escritor norteamericano: “Permitidme hablaros de ese hombre célebre y de sus obras; que ambos ocupan un lugar importantísimo en la historia de la imaginativa”.
Al final de este texto Verne escribe sobre el final de Las Aventuras de Arthur Gordon Pym: “Y el relato queda así interrumpido, ¿quién lo continuará? Otro más audaz que yo y más osado para internarse por los dominios de lo imposible“.

 

 

Treinta y tres años después (en 1897) a Jules no le faltaron ni audacia ni osadía para continuar la novela de Poe. Ese mismo año publicó La Esfinge de los Hielos (Le Sphinx des glaces) donde retoma la historia que “abandonó” Poe.

 

 

La Esfinge de los Hielos transcurre once años después de los sucesos acaecidos en Las Aventuras… En este caso el protagonista es un tal Jeorling, un geólogo norteamericano que no se sabe porque razón esta paseando por las islas de los mares del sur.

 
Este muchacho termina embarcado en la goleta Halbrane capitaneada por Len Guy hermano del difunto William, capitán de la Jane Guy donde había viajado Arthur Gordon Pym.

 
Len parte hacia el polo en busca de su hermano convencido de que estaba vivo. Resumiendo… diremos que lo encuentra. Según Verne el Capitán William Guy se salva de la emboscada de los nativos y puede sobrevivir junto a seis hombres en esa isla sureña. Mas retorcido resulta el final de Pym quien no habría vuelto de las regiones polares. El que volvió fue Dick Peters quien llevó consigo un cuaderno con notas escritas por Pym para que Poe hiciera su novela (La Esfinge… juega también sobre el eje ficción/no ficción que propusiera originalmente Poe).

 

 

Según Verne todo lo que vio Arthur Pym fue producto de su estado mental… es decir que en su voluminosa novela no hay vapor, ni aves gigantes, ni nubes de polvo. Así el padre de la ciencia ficción reduce a la enorme figura blanca que menciona Poe a un simple bloque de hielo con forma de esfinge y extrañas propiedades magnéticas.
Para saber que pasó con el pobre Pym tendrán que leer el libro.

 

 

Esta claro que Verne se dejo llevar por sus tendencias positivistas, racionalizando lo que Poe había dejado en el plano de lo fantástico. A pesar de que La Esfinge de los Hielos desvirtúa las aventuras de Pym y de que sin dudas se trata de una obra menor del brillante escritor francés, su lectura es muy entretenida y recomendable.

 

 

En las Montañas de la locura

 


El último capítulo de esta historia fue redactado por H.P. Lovecraft. El creador de la mitología de Cthulhu no continuó la obra de Poe sino que la reinterpretó, convirtiéndola en una parte mas de su ciclo de Cthulhu.

En 1931 Lovecraft escribe la novela corta En las Montañas de la Locura (At The Mountain Of Mandness), el relato de una expedición científica al polo sur enviada por la Universidad de Miskatonic.

 
Apenas llegan a la Antártida, los científicos descubre unas montañas de una altura increíble (mas de 10.000 metros) y junto a ellas unos fósiles antediluvianos de una raza desconocida aunque muy semejantes a las que figuran en algunos grabados del prohibido Necronomicón.

 
Luego de que algunos científicos murieran asesinados por una mano misteriosa, dos miembros de la expedición deciden cruzar en avión la cadena montañosa, descubriendo una ciudad construida cientos de siglos antes de la aparición del ser humano.

 
Mediante el desciframiento de una serie de bajorrelieves los investigadores lograron reconstruir la historia de los seres que edificaron esa metrópoli, descubriendo que los autores de esa arquitectura aberrante habías sido esos seres fosilizados que habían encontrado.

 

 

No avanzaremos demasiado en el argumento de esta historia, tal vez una de las mejores que escribiera Lovecraft, para no quitarle su magia. Sólo agregaremos que HPL le asigna el terrible grito ¡Tekeli-li, Tekeli-li! a estos seres: Los Antiguos.
Hacia el final de la historia Lovecraft escribe “Poe había debido recurrir a unas fuentes muy poco conocidas cuando estaba escribiendo Las Aventuras de Arthur Gordon Pym. Se recordará que en esa fantástica narración hay una palabra de significado desconocido, pero prodigiosa y terrible, y que gritan las aves gigantes, blancas como espectros de aquellas malignas regiones antárticas: ¡Tekeli-li, Tekeli-li! . Esto, debo admitirlo, es lo que creímos oír en aquel grito que venía desde esa niebla blanca “

 


¡Tekeli-li, Tekeli-li!

 


En pleno año 2000 se supone que el continente blanco esta totalmente explorado y catalogado. Se dice que decenas de expediciones han revisado y horadado los hielos más profundos. Hay quien afirma que no se han visto las montañas colosales que imaginó Lovecaft y los mapas se empeñan en mostrar que no se puede llegar navegando al polo, como afirmaban Poe y Verne.

 

 

Sin embargo en los últimos días circuló la noticia de que descubrieron una colonia de pingüinos gigantes (1,70 metros de altura). Si en todos estos años estos pingüinos lograron pasar desapercibidos existe la probabilidad, mantengamos la esperanza, de que algún día se escuche sobre los campos helados el terrible grito ¡Tekeli-li, Tekeli-li!.