La edición de este libro viene a cubrir un vacío existente en cuanto a la información que tenemos sobre la historia del cine nipón. “Cien años de cine japonés” se convierte así en una obra imprescindible para cualquier persona interesada en esta genial y prolífica filmografía.

Si realizáramos una rápida encuesta, el espectador medio solo conocería a un creador nipón, Akira Kurosawa, mientras que aquellos cinéfilos mas interesados en el tema, responderán con una afirmación ante la presencia de otros grandes directores (pero mucho mas desconocidos en el ámbito comercial) como Yasujiro Ozu, Kenji Mizoguchi o Teinosuke Kinugasa. Actualmente, en sus listas, aparecerían nombres como Takeshi Kitano o Hirokazu Kore’eda. Sin embargo, existe un enorme vacío en cuanto al desarrollo de esta industria, así como un texto en nuestra lengua capaz de condensar toda su historia contextualizándola de manera adecuada. Es aquí donde surge la figura de Donald Richie, antiguo conservador cinematográfico en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Richie ha vivido durante mucho tiempo en Japón, siendo partícipe de sus costumbres y analizando sus largometrajes de un modo muy distinto a la mayoría de los críticos occidentales, es decir, eliminando el estigma que conlleva visionar una película japonesa a través de una mirada completamente diferente.

Richie es perfectamente consciente de cómo debe enfocar esta obra, y para ello, abandona una construcción rígida de los hechos. Siguiendo un modelo cronológico, apuesta por una descripción política de la época, para de esta manera, exponernos la corriente cinematográfica que se imponía en aquel momento. El recorrido comienza en las dinastías de finales del s. XIX, con un análisis de la situación social al inicio de la Era Meiji. A partir de aquí, la llegada del cinematógrafo a Japón, la importancia del benshi (o narrador) en los largometrajes mudos y el nacimiento y avance de las grandes productoras, que dominarían el mercado hasta su caída en los años 60.

El apartado de los grandes creadores nipones lo abre con Ozu, cuya obra trata en profundidad. A éste le seguirá Mizoguchi y Mikio Naruse. La Segunda Guerra Mundial supondrá la llegada de la censura y de las películas de propaganda. La propia censura se extenderá al final de la Guerra y a la ocupación americana. Es aquí donde Richie introduce la figura de Akira Kurosawa, al cual también dedicará muchas páginas. A partir de este momento, llegará la desintegración de las productoras y la aparición de los cineastas de la Nuberu Bagu (la nouvelle vague japonesa), Nagisa Oshima, Shohei Imamura o Masahiro Shinoda (si bien el segundo no se sentiría muy cómodo en esta corriente). El repaso culminará con la implantación de las películas de yakuzas desde la década de los 70, con el fin de ganar espectadores, a un amplio repaso de los nuevos cineastas independientes que han logrado traspasar las fronteras de Japón y vencer en diversos festivales internacionales. Éste es el caso de nombres como Takeshi Kitano (que, por cierto, no cuenta con la simpatía de Richie), Kiyoshi Kurosawa, Shinji Aoyama o Jun Ichikawa. Obviamente, el crítico no se olvida del anime, al cual le dedica un breve pero eficaz repaso.

 

A pesar de la aparente densidad que se le puede atribuir a un escrito que trata toda la historia de una filmografía tan lejana, en ningún momento aburre ni tiende a la monotonía. En segundo lugar, es de admirar la manera en que hace interaccionar el tipo de cine con el momento social que se vivía en Japón, y como ejemplo destaco la aceptación de la corriente expresionista en un país que mantenía unas relaciones estables con Alemania. Finalmente, Richie nos acerca a la obra de una amplia variedad de directores, y no se estanca en los más conocidos. Nombres tan importantes y desconocidos como Kaneto Shindo, Daisuke Ito, o Kon Ichikawa ocupan un lugar relevante en este libro.

Por último, se añaden dos apéndices. El primero es un breve glosario de todo el vocabulario que inunda los párrafos. Términos como “kabuki”, “shimpa” o “mono no aware” tienen una rápida y precisa traducción a nuestro idioma. El segundo apéndice es realmente útil, ya que consiste en el resumen de todas las películas que se comentan en el libro. Los largometrajes más importantes incluyen un resumen de su argumento y los premios obtenidos. La mayoría de estas obras también se encuentran editadas en DVD o VHS.

“Cien años de cine japonés” se nos presenta como un instrumento ante todo didáctico, pero sin que por ello carezca de espíritu crítico, como una alternativa a los típicos escritos planos de dudosa rigurosidad. Elaborado sin prejuicios y con un estilo sobrio y fácil de comprender para cualquier tipo de lector, se convierte en la mejor elección a la hora de acercarse a esta fértil y genial filmografía. Un libro ideal para aquellos cinéfilos ávidos de conocimiento, pero también para ese lector medio interesado por el Séptimo Arte y que se sienta atraído por “esas películas de samuráis”.

 

Para cualquier occidental entrar en un cine japonés es una experiencia al margen de lo que pase en la pantalla. El autor lo sabe y analiza el cine en combinación con una cultura que nos sigue resultando exótica y que salía de su Edad Media al tiempo que nacía el cine. Tal vez esos comentarios o reflexiones son la parte más carnosa de esta obra para los muchos que nos sentimos atraídos por la cultura japonesa. En ese sentido la obra interesa por si misma, incluso para los que el cine japonés no despierte gran interés.

Un buen ejemplo es el narrador-intérprete, que abre la obra porque se desarrolló con el cine mudo y ha sobrevivido comentando y hasta opinando en los culebrones de televisión, con voz en off, por extraño que fuera para nosotros tener a alguien comentando por encima nuestros culebrones televisivos.

Ediciones Jaguar presenta la 2ª edición de cien años de cine japonés, que analiza con rigor y en profundidad el cine de Japón, que se ha convertido en uno de los países más interesantes cinematográficamente hablando.

Donald Richie nos ofrece una historia detallada, inteligente y muy fundamentada de ese cine. Desde sus comienzos a finales del siglo XIX, a través de los logros de Kurosawa, Mizoguchi y Ozu, hasta los notables trabajos de los jóvenes cineastas de la actualidad, esta historia concisa pero amplia da una perspectiva incomparable del crecimiento y el desarrollo de la cinematografía japonesa.

Esta segunda edición sorprendente, a le vez que necesaria, se trata de un texto mejorado en su corrección y revisión respecto de la primera edición. La colección de cine de Ediciones Jaguar pretende ofrecer al lector  bibliofilmografías de directores y actores prestigiosos, estudios de estilos y géneros cinematográficos, pasando por el análisis detallado de algunas películas. La obra no sólo repasa los nombres más importantes y sus películas, también explica como se une el cine con la filosofía y la vida cotidiana. Se trata de la re edición de una de las obras más interesantes y completas sobre el cine de Japón y su cultura visual, que abarca desde los primeros años de cine mudo hasta el final del siglo XX, incluyendo la explosión gráfica de sus diseñadores y dibujantes que alcanza a todo el mundo. La enorme popularidad del manga y del anime es tanta que han llegado a dominar todo el mercado visual y, en términos de cifras de taquilla, a representar al cine japonés ante su propio público. Se sostiene que el manga vende un tercio de todos los libros que se venden en Japón, y el anime la mitad de todas las entradas de cine.

Aquí tienes un fragmento del primer capítulo para que valores el tono y la información que maneja..

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