Archive for julio, 2011


Titus Kaphar

The Gift of Disinheritance


“Abram Vesper,” Oil on canvas, 2009


“Falling back #2,” Frame, Oil on canvas, 2009


“Falling back #1,” Frame, Oil on canvas, 2009


“At Sea,” Gilded frame, Crumpled oil painting, 2009

“Artifact 4,” Gilded frame, crumpled oil painting, 2009

Recent work


“Nip tuck”, 2009, Crumpled canvas oil painting.

“push your own damn boat,” 2009, Cut canvas oil painting.


“A History Far Too Convoluted For Words,” 2008, cut canvas oil paintings


“Conclusive” (Front), 2008, Cut canvas oil painting


“Conclusive” (Back), 2008, Cut canvas oil painting


“How I found him”, 2008, oil, canvas, branch, twine


“Our mother was always so…” 2009, Oil on canvas


“Mother’s Solution…”, 2009, oil on canvas


“All we Know of our Father”, 2008, oil on canvas


“How I remember him”, 2009, oil and tar on canvas


“Bind up thy wounds and press on”, 2008, Oil on canvas


“George, George, George”, Installed at SCAD, 2008, oil on canvas on wood.


Hungry!, oil on canvas, 2008


Martyr, oil on linen, 2008


Removed from Tar, oil and tar on wood block, 2008


Crumpled self-portrait, crumpled canvas oil painting, 2008


Patriot Flag, crumpled canvas oil painting, 2008

Seascape, Crumpled canvas oil painting on stretcher, 2008


Seascape, detail

Still Hungry, oil, spray paint and enamel on canvas, 2008


Slippage, Installed in the studio, 2008, velvet, wood, gold leaf


Slippage, Detail 2008,


“I still don’t know how it ended like this, but it began when one of the older women called her blackness into question.”, 2008, Oil on canvas, submerged in steel tank of tar, on wood platform


Seaworthy, 2008, Cut canvas oil painting and thread


Virginia born, 2008, Oil and tar on canvas,


Kindling, 2008, Cut canvas oil painting


My failure, not hers, 2008, Oil and tar on canvas


“I still don’t know how it ended like this, but it began when one of the older women called her blackness into question.”, Study, 2007


Finding folding and fondling our first forefather, 2007


From Sea to Shining Sea, 2007


Shroud (before, after, and detail), 2007


Shroud (front, and back), 2007


Aftermath: Artifact #2, 2006-2007


Aftermath: Artifact #2 (detail), 2006-2007


Conversation Between Paintings #3: Descent, 2007


Conversation Between Paintings #2: The Meeting: “We Was Jus’ Talkin,’” 2007


Conversation Between Paintings #1: Decending From a Cross to be Nourished at the Breast of Our Mother, 2006-2007


Study of Negro Reparation, 2006


“He Titled His Piece ‘Bust'”, 2007


Unsure Footing: Unfolding the Myth of Power, 2007


White Underneath 1-6, 2006-2007


White Underneath, Detail


Scream, 2006


Spouse, 2006


“Mama She Ain’t White She Jus’ Real Light Skinded” (front and back), 2006


Othello, 2005


Whitewash, 2005


Bent Over Backward, 2005


Fallen, 2006


Through, 2005


Wholeness, 2006

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“Todo termina siendo metafísico”, pero un único apunte puede hacer que un poema resista al tiempo.

 

Wislawa Szymborska está en su casa, pero pide permiso para fumar. “Una vez”, cuenta, “recibí una carta de varias páginas en la que una mujer me pedía que dejara de fumar. Me hubiera gustado responderle: he ido a tantos entierros de gente que nunca había fumado y que era más joven que yo… Me limité a decirle que le agradecía que se preocupara por mí”. Szymborska nació hace 86 años en Kórnik, cerca de Poznan, al oeste de Polonia. Ahora vive en un bloque descolorido sin ascensor -una especie de vivienda de protección oficial- en un suburbio de Cracovia, la ciudad de la que no se ha movido desde que su familia emigró allí cuando ella tenía ocho años, en 1931.

 

La memoria, de hecho, está muy presente en su último libro de poemas,  Aquí (Bartleby), publicado en Polonia este mismo año. Su aparición en España coincide con la primera traducción de su prosa, Lecturas no obligatorias (Alfabia), una selección de las vibrantes notas que durante años publicó en una particular sección de los periódicos. Allí, y en un par de folios, comentó a Jüng y a Montaigne, pero también libros de jardinería, pájaros y decoración. El resultado es pura chispa. Así, del Poema del Cid dice: “Fue escrito por un Balzac medieval. La guerra es para él, ante todo, una empresa financiera. Dado que la guerra es costosa, ésta debe ser rentable. La cabeza del caballero, hasta que alguien se la corta, estaba siempre llena de cálculos”. Y al comentar un manual de ideogramas chinos apunta: “Esposaes una mujer y una escoba; amante, una mujer y una flauta. Desconozco la existencia de un signo que represente el ideal al que nos conducen todas las revistas europeas para mujeres: la fusión de la escoba y la flauta”.

 

 

Cuando Szymborska ganó el Premio Nobel en 1996 no había más que un puñado de poemas suyos traducidos al español en una antología colectiva. Hoy lo está toda su poesía. No hace tanto, además, tuvo su minuto en las crónicas políticas. Fue el día que Patxi López leyó su poema Nada dos veces en su toma de posesión como lehendakari.

 

“El mundo es cruel, pero merece también

otros calificativos más compasivos”

 

Son las 11 de la mañana y en una mesa hay café, galletas y chocolatinas. Ella añade una botella de coñac que abre para la ocasión. Antes de servirse una copa, sirve a los demás: Abel Murcia, traductor de sus libros al español, director del Instituto Cervantes de Cracovia e intérprete durante la charla; el fotógrafo, venido desde Varsovia, y el periodista. Mientras dura el primer café está también Michal Rusinek, secretario de Szymborska y escritor y traductor él mismo. “Michal, con todo lo que escribe y el montón de temas que lleva, dentro de poco necesitará usted una secretaria. Tal vez podría contratarme”, bromea la escritora. Él contesta arqueando las cejas: “No sé si me convence”.

 

 

Rusinek es quien lidia con los mil compromisos que acechan a la poeta desde el Nobel. “¿Que si el premio me cambió la vida? Y tanto. Para bien y para mal. Para bien, porque multiplicó el número de cartas que me envían, de paquetes con libros, de invitaciones, de propuestas y de preguntas a las que hay que responder en las entrevistas”. Y socarrona, añade: “Para mal, porque multiplicó el número de cartas que me envían, de paquetes con libros, de invitaciones, de propuestas y de preguntas a las que hay que responder en las entrevistas. A las invitaciones para viajar a otros países siempre respondo lo mismo: cuando sea más joven”.

 

 

Días antes de la cita, Wislawa Szymborska había pedido la lista de temas sobre los que tendría que hablar en Cracovia. Una vez allí aclara el porqué: “Aunque luego hablemos de lo que sea, así al menos puedo pensar y decirle a usted algo coherente. No crea que soy brillante. Hay preguntas para las que no tengo respuesta”. No le gustan las fotos, así es que trata de distraer al fotógrafo cuanto puede: “Si hubiera venido hace 30 años… con esa cámara tan aparatosa me sacará todas las arrugas, ¿verdad? ¿No podría retocarlas un poco, como hacen con Sharon Stone?”. Al cabo de unos minutos vuelve al ataque: “¿Es usted tan alto porque no fuma? ¿Hizo el servicio militar? Descanse un poco, deje la cámara y tome otro coñac”.

 

 

Café, coñac, chocolatinas. Parece un buen momento para hablar de la muerte. Sobre la muerte sin exagerar, como dice uno de sus poemas más célebres, escrito con esa mezcla de emoción e ironía -poesía sin lirismos de manual- que sorprendió al mundo cuando su obra fue distinguida por la Academia sueca. En Aquí, Szymborska dice que hay temas sobre los que debe escribir sin demorarse mucho porque “el tiempo apremia”.

 

 

PREGUNTA. ¿Al escribir este libro pensaba en la muerte?

RESPUESTA. Para mí la vida es una aventura con fecha de caducidad. Cuando estaba en la escuela murió una profesora y tuve conciencia de la muerte como algo natural. Con 86 años pienso igual que con 8.

P. ¿Y eso influye cuando escribe?

R. Yo no escribo sobre la muerte. Es una de las cosas más fáciles de hacer en poesía. Y no es verdad que tenga un poder ilimitado. No consigue todo lo que quiere y cuando quiere. Es cierto que hay poemas buenísimos sobre la muerte, pero en general es fácil porque despierta sentimientos y emociones fáciles, la ternura y todo eso.

P. ¿El amor también es un tema facilón?

R. Ah, ése ya no es tan fácil. Y lo más difícil es el erotismo, que de hecho se ha tocado muy poco en poesía. Nunca he leído un poema que sea capaz de trasladar lo que sucede entre dos personas. Hablo del erotismo puro, no del amor como sentimiento, que sí es más fácil de expresar.

P. Hay más literatura en los amores difíciles.

R. Tal vez, pero yo he tenido la gran suerte de vivir algunos amores, y mis recuerdos son muy felices. Pero no hablemos de mí, que todo eso ya está en los poemas.

P. ¿Hay palabras que trata de evitar especialmente cuando escribe?

R. Las arcaicas y las grandilocuentes. Pero hay palabras que utilizo raramente y con ciertas dudas. Cuando intento describir algo como “bello”, por ejemplo. La belleza es una idea relativa, que depende de la tradición y de las costumbres, y sobre todo de los gustos personales, que el lector puede no compartir. Para mí, las catedrales románicas son más bonitas que las góticas, la cerámica más bonita que la más refinada de las porcelanas y la muñeca de trapo con la que en mi infancia podía hablar de cualquier cosa, mil veces más bonita que esa horrorosa Barbie. Porque, a ver, ¿sobre qué se puede hablar con una de esas Barbies? Bueno, a lo mejor de trapitos y esmalte para las uñas.

P. Sus poemas hablan de los grandes temas, pero parecen huir de las abstracciones.

R. Cualquier poema bueno se convierte de alguna manera en algo abstracto. Pero siempre tiene que ver con la realidad, con la vida del poeta o con la vida de otros. Las cosas bellas tienen también algo de metafísicas… No le veo muy de acuerdo.

P. Me refería a que en el poema

Metafísica habla usted de los fideos con tocino.

R. Es que todo termina siendo metafísico. Pero más que por los grandes temas, la poesía se salva por los pequeños detalles. Hay poemas antiguos que han pervivido gracias a un solo detalle. Pero me temo que estoy generalizando… sobre los detalles [se ríe].

P. ¿El humor le sirve para escribir sin vergüenza sobre temas más serios?

R. Es mi forma de ser. Desde niña he tenido tendencia a darle vueltas a un asunto y a buscarle la parte cómica. Hay cuestiones, sin embargo, que ni me hacen gracia, ni me han hecho nunca gracia, ni me la harán: el odio, la violencia, la estupidez agresiva.

P. ¿De niña leía poesía?

R. No. En mi casa había sólo dos libros de poemas del siglo XIX. Y tampoco los leía. Siempre quise escribir novelas gordas. Al principio creía que si alguien aspiraba al título de escritor tenía que ser autor de novelas de varios tomos y cientos de páginas. No pasé de relatos mediocres. Un día escribí un poema, horroroso, y se lo pasé a la gente que trabajaba conmigo en el periódico. Me preguntaron: ¿pero tú qué lees? Resultó que no conocía los poetas contemporáneos. Había leído mucha narrativa, a Thomas Mann, a Proust, a Dostoievski, pero de poesía, ni idea. Me tuve que formar un poco.

P. ¿Aprendió algo como poeta escribiendo sus Lecturas no obligatorias?

R. Mis Lecturas no obligatorias no son realmente prosa seria. Son una especie de artículos, a veces serios, a veces divertidos, en ocasiones incluso parecidos a mi poesía. Aunque, como le dije, empecé escribiendo relatos. Pero eso fue justo después de la guerra.

P. ¿Cómo recuerda la guerra?

R. Lo mejor que puedo decir es que sobreviví. Recuerdo el hambre, el frío. Tuve que trabajar haciendo zanjas en la calle. Mi padre fue inteligente: mucha gente huyó de Cracovia y se fue a Lvov, en la actual Ucrania, y pasaron a formar parte de la ocupación soviética. Sobreviví, sí. Pero hubo gente que murió. Mi primó cayó en el levantamiento de Varsovia.

P. ¿Qué función cumple la poesía ante la crueldad del mundo?

R. El mundo es cruel, pero merece también otros calificativos más compasivos. Si únicamente fuera cruel, la gente hace mucho tiempo que no estaría aquí. Habría aquí y allá algunos escombros y crecerían algunas plantas. Plantas anónimas, porque no habría nadie que les diera nombre.

P. ¿Qué piensa de la idea de Adorno de que no se puede escribir poesía después de Auschwitz? Supongo que para una escritora polaca que vive a 70 kilómetros de ese campo de concentración la frase tiene un significado especial.

R. Adorno no tenía razón, y eso lo pudo comprobar personalmente, porque vivió todavía más de veinte años después de terminar la guerra. En ese tiempo hubo poetas nada desdeñables que escribieron poemas nada desdeñables. Si ese trabajo hubiera carecido de sentido, ¿para qué habría servido?

P. ¿Y puede un poeta escribir sobre la historia?

R. Aunque su deseo de no escribir sobre ella fuera muy grande, es imposible evitarlo. Hay poetas para los que la historia es una fuente directa de inspiración. Para mí los mejores en ese aspecto son Cavafis y Zbigniew Herbert. Pero incluso la poesía que carece de cualquier referente histórico se inscribe para siempre en la historia, ya que utiliza un lenguaje que determina de forma exacta dónde y cuándo nace. La poesía supratemporal es una ilusión idiota.

P. ¿La política está destrozando el lenguaje?

R. Siempre lo ha destrozado. El lenguaje de los políticos suele servir para ocultar y no para expresar pensamientos. Pero a algunos políticos no intentaría yo convencerlos de que fueran sinceros: podría darse el caso de que no hubiese nada que ocultar.

P. ¿Recuerda el día en que cayó el muro de Berlín?

R. Estaba en Cracovia y fue un momento maravilloso. Aquéllos fueron unos tiempos inolvidables. La gente de Solidaridad era maravillosa. Luego eso cambió y empezaron a surgir cosas desagradables, pero entonces eran jóvenes y bellos. Estábamos todos eufóricos

… Bueno, ahora pregunto yo: ¿Está usted casado? ¿Tiene hijos? ¿De qué parte de España es?

P. ¿Es verdad que estudió español?

R. Claro. Iba a clase con un profesor que tengo la impresión de que se aprendía de memoria lo que iba a decir porque no sabía mucho. En una época en la que entendía algo me empeñaba en leer a Cervantes con diccionario. Ya sólo recuerdo algunas frases: ¡hasta la vista! Me parece una lengua muy bonita. Un latín bellamente estropeado.

P. ¿Ahora qué lee?

R. Siempre he leído poca poesía. Nunca he sido capaz de leer un libro de poesía desde el principio hasta el final. Y hablo de los buenos. Lo que hago es leer un poema y dejarlo. Luego retomo el libro, y así. Como se puede imaginar, a veces quedo fatal con gente que me ha mandado sus libros porque tardo un año en contestarles con mi opinión, pero ésa es mi forma de leer.

P. ¿Y escribe?

R. Como tengo poco talento, necesito un silencio de varios días: sin llamadas, sin visitas. Conozco pintores que pueden trabajar mientras llevan una conversación. En poesía eso es absolutamente imposible. Pensé que cuando pasara el Nobel el trajín se reduciría, pero no.

P. ¿Y sus collages?

R. Me inventé esas postales precisamente para que todo el mundo reciba algo personal sin que yo tenga que escribir. ¿Ya hemos terminado?

P. Creo que sí.

R. No se vaya sin terminarse la copa. Por cierto, no me ha preguntado por el feminismo. Es que siempre me preguntan si soy feminista o no.

P. ¿Es usted feminista?

R. Yo me niego a tener ninguna etiqueta, pero en Polonia las feministas tienen muchísima razón y muchas cosas por las que luchar: por los sueldos, por derechos que tienen que ver con su cuerpo, porque todavía hay resortes reaccionarios en la Iglesia… Sueño con el momento en que las feministas no sean necesarias.

P. ¿Ha cambiado Polonia con la entrada en la Unión Europea?

R. Ha pasado hace tan poco que es demasiado pronto para valorarlo. Hay problemas, claro está, porque incluso en países más desarrollados que el nuestro los hay. Aquí tenemos problemas con la Iglesia, precisamente, que ya no sigue el paso del desarrollo de la ciencia y de la democratización de la sociedad. Para mí el día en que Polonia entró en la Unión Europea fue un día feliz. Estaba sola en casa y no tenía con quién brindar por el futuro. Pero me serví una copa de coñac y pasé por delante de todas las fotografías de los seres queridos que tengo en casa, y que no llegaron a ver este día.

Texto Original: El País. 

Javier Rodríguez Marcos

05/12/2009

Sorpresa, incredulidad, una gran emoción y, en seguida, las ganas de huir de las luces de la TV y de los micrófonos curiosos: éstas fueron las primeras reacciones de Wislawa Szymborska ante la noticia del otorgamiento del Premio Nobel, en perfecta sintonía con el carácter de su poesía, íntima, silenciosa, «da camera» y -como ella misma lo confiesa-, dirigida hacia el otro: pero no un otro genérico, sino una persona concreta, vista en su irrepetibilidad. Precisamente allí puede buscarse la fuente de su inspiración poética: en el encuentro de miradas fugaces, en la búsqueda de un acuerdo -no sólo con cada uno, sino con todo el universo- y, al mismo tiempo, en la alegría de la unidad reencontrada y en la armonía con el mundo circundante. La autora no le escapa a la historia: está inscrita en el tejido de su creación poética, pero de una manera discreta, apenas perceptible. Lo mismo podría decirse de la dimensión metafísica, presente en el fondo de su poesía y acompañada por una actitud de no-creencia, fruto, tal vez también, de la convicción de que es difícil omitir toda ideología, incluida la confesional.

 

Casi todos los lectores de sus obras compartieron la sorpresa del Nobel, aunque para muchos críticos el premio era algo previsto: «En el mundo hay justicia», comentó Slawomir Mrozec. Desde hacía algunos años se sabía que su nombre no era desconocido para la Real Academia Sueca, pero no se pensaba que esta voz silenciosa pudiese ser escuchada por el autorizado consejo. Después del Nobel de Czeslaw Milosz, en el lejano 1980, se sabía que la literatura polaca contaba con lectores también en el exterior, pero en esa época, a raíz, sobre todo, de las experiencias históricas. La rebelión frente al totalitarismo y la reivindicación del derecho a existir eran las corrientes en las que se movía la poesía de Zbigniew Herbert, la de Stanislaw Baranczac y la de otros.

 

Wislawa Szymborska fue reconocida digna de salir del limbo poético, visitado sólo por unos pocos iniciados. Acaso el Premio Nobel sea la ocasión para descubrir una función importante de la poesía: humanizar, tal vez divinizar, todo lo simple, lo cotidiano, por no decir lo banal. Puede ser que la voz de Wislawa Szymborska nos permita redescubrir la belleza oculta que hay en lo cotidiano, en el instante fugaz que nos es dado como un don y como la revelación de un Desconocido. Dejemos, pues, hablar a su poesía, no muy abundante. Lo que nos queda es lo que se salvó de su juicio rígido y exigente. Lo demás fue irremediablemente eliminado.

Buscando la palabra

 

¿Quién es Wislawa Szymborska, considerada desde hace años la mayor exponente de la poesía polaca? Nacida en 1923 cerca de Poznan, desde 1931 frecuentó las aulas de las Hermanas Ursulinas en Cracovia y allí, en 1945, publicó la primera poesía en el Dziennik Polski (El Cotidiano Polaco): Szukam slowa (Estoy buscando la palabra). Estudió literatura polaca y sociología en la Universidad Jagellónica; colaboró durante muchos años en el semanario Zycie Literackie (La Vida Literaria), donde publicaba sus Lektury nabodowiazkowe (Lecturas facultativas).

 

La experiencia de la guerra, que marcó en ella la separación definitiva del mundo de la infancia, vinculó sus esperanzas, no sólo literarias, a la nueva realidad de la Polonia comunista. Sin embargo, son escasas las poesías escritas a pedido de los «padres del nuevo orden social»; paradójicamente, al igual que a otros intelectuales como Czeslaw Milosz y Leszek Kolakowski, la experiencia del socialismo real le resultó fértil: «El fruto del error del socialismo real fue, en el caso de Wislawa Szymborska, aprender el arte de permanecer a distancia y la desconfianza hacia una ética demasiado simple y una estética fácil» 1.

 

En realidad, ya desde su infancia escribía poesías, no a pedido de nadie sino por una necesidad del corazón. Algunos de sus poemas semejan una mariposa cazada al vuelo o, mejor, una fotografía, ya que el instante descrito por la poetisa no pierde nada de su belleza; más bien, gracias a la habilidad de la artista, descubre su irrepetibilidad. A ella no le gusta hablar de sus versos: «Me sentiría como un insecto que, por razones incomprensibles, se posara sobre una vitrina para poder ser traspasado con un alfiler y conservado». Cualquier situación, cualquier acontecimiento, se convierte para Wislawa Szymborska en un desafío y le provoca el deseo de describirlo como único que es. Así lo expresa en su primera poesía, Estoy buscando la palabra«Impotente nuestra palabra, / imprevistamente pobre su sonido. / Estoy buscando, con el esfuerzo del pensamiento / esta palabra, / pero no puedo encontrarla. / No puedo». El crítico Jerzy Kwiatkowski la juzga una poetisa capaz de encontrar las palabras justas: «Lo que más golpea en la lectura de sus poesías es el extraordinario esmero, la congruencia, la novedad de sus expresiones».

Las primeras colecciones

 

Sus colecciones de versos aparecían a largos intervalos, pero con una cierta regularidad. Antes de 1952 había publicado Dlaczego zyjemy (Porqué vivimos); dos años después Pytania zadawane sobie(Preguntas formuladas a mí misma). Aunque en ese tiempo no era fácil, hablaba con una voz independiente. En 1957 apareció Wolanie do Yeti (La llamada a Yeti) y en 1962 Sól (La sal), un pequeño volumen con el que comenzó a hacerse conocer, incluso fuera de Polonia. En ese entonces se hablaba del rol social de la literatura y de la necesidad de un compromiso por parte de los escritores. En una de las pocas entrevistas dadas por ella, Wislawa Szymborska expresó de esta forma esos deberes: «Comprometerse significa escribir la verdad, aquella que es alcanzada únicamente a través de una experiencia personal y del conocimiento del mundo. Cuanto mayor es la curiosidad de la vida, cuanto más sutil y apasionante es la búsqueda, cuanto más vasto es el conocimiento, tanto más serio se vuelve el compromiso de un autor serio». Su pasión por conocer le permite atrapar las dimensiones más profundas de la realidad. Kwiartkowski lo explica de esta manera: «Describiendo una realidad cotidiana y evidente, Wislawa Szymborska habla de una no-realidad, habla de otras realidades posibles». Alude así a la colección Sto pociech (Cien consuelos), publicada en 1967.

 

Wislawa Szymborska nunca adhirió a manifiestos poéticos, no se ató a nadie y con nadie tuvo controversias: su voz era escuchada por todos. Su autoridad era indiscutible: hacía años que era la mayor exponente de la poesía polaca, y no sólo de la poesía. Sus Lecturas facultativas, publicadas enZycie Literackie (La Vida Literaria) hacían degustar textos no siempre fáciles; enseñaban la alegría de la lectura, mostrando que ésta puede ser un placer. Su sutil ironía y la distancia que mantenía respecto de la autoridad constituida y de los cánones oficiales, eran una perfecta lección de cómo defenderse de la tentación de ideologizar la literatura. Estas recensiones, estas «lecturas facultativas», junto a las colecciones de sus poesías que se sucedían con regularidad, tal vez han permitido a muchos estudiantes, gustar una literatura desinteresada.

La maduración poética

 

En los años setenta salieron tres colecciones. En 1972 apareció Wszelki wypadek (Todo caso concreto), donde se advirtió un acercamiento de la autora a la filosofía, en especial al existencialismo; pero ella no aceptaba un encasillamiento filosófico. Se trata de «una etiqueta elogiosa pero también molesta. No hago una gran filosofía sino una modesta poesía. A los existencialistas, que son muy austeros, no les gusta jugar. En verdad, no me siento estrechamente ligada a esa forma de pensamiento». En efecto, la realidad, hablando estrictamente, no corresponde a ninguna filosofía y a ningún sistema, y la poesía debe darse cuenta de ello. «Cómo me gustaría que cada poesía mía fuese distinta; mi sueño es que esa diversidad llevara en cada verso una coherencia entre la materia y el estilo, y que un único hilo de afectos uniese todas mis poesías».

 

En 1976, después de la publicación de Tarsjusz i inne wiersze (Tharsis y otras poesías), Kazimierz Kania escribió: «En los últimos escritos de Wislawa Szymborska encontramos poca alegría; suben cada vez más desde lo profundo del hombre, penetran en el universo metafísico, buscan una respuesta a las preguntas postreras». Es, por lo tanto, una poesía filosófica, muy seria, aunque atemperada por una instancia irónica, siendo este valor, justamente, el que elogió la Comisión delNobel: «Wislawa Szymborska crea una poesía que, con una irónica precisión, sabe sacar provecho del contexto biológico e histórico de los fragmentos de la realidad humana». Kwiatkowski lo precisa aún mejor: «Es una poesía profundamente individualista, a veces casi en el espíritu de Leibnitz o de Giordano Bruno, «incluso si somos diversos como dos gotas de agua» (donde Szymborska casi cita a Leibnitz). Esta regla de una singularidad atinente a la cualidad, la de una mónada, se manifiesta también en una clara autonomía de todas sus poesías, cada una de las cuales constituye una unidad separada».

 

Rozmowa z kamieniem (Coloquio con una piedra) ofrece una ilustración plástica de la problemática filosófica: «Llamo a la puerta de la piedra. / «Soy yo, hazme entrar»./ […] «Vete» dice la piedra. / «Estoy herméticamente cerrada»./ Llamo a la puerta de la piedra. / «Soy yo, hazme entrar»./ […] «No entrarás» dice la piedra./ «Te falta la capacidad de participación».

 

No sólo el hombre sino también el mundo de la naturaleza y el cosmos, atraen la pluma de la poetisa: «A través de lo particular, de una observación precisa, llega a una generalización amplia, hasta los problemas universales». De esta manera, Kwiatkowski expresa la esencia de la poesía de Wislawa Szymborska. Si buscáramos un paralelo en la filosofía contemporánea, podríamos citar a Albert Camus y su heroísmo trágico, en el cual es tan importante la dimensión ética. Dice aún el crítico: «Son merecedores del mayor de los reconocimientos los poetas para quienes los valores del conocimiento y de la estética coinciden con los de la ética. Ellos crean, tal vez inconscientemente, un modelo de humanidad que puede llegar a ser una ayuda para los demás. Wislawa Szymborska es una de ellos: su auto-ironía y su heroísmo burlón constituyen uno de esos modelos». Estos juicios fueron expresados en la introducción a una edición de poesías escogidas de 1970.

Resonancia internacional

 

Otra colección publicada hace diez años, titulada Ludzie na moscie (Gente sobre el puente) y la última de 1996, Proczatek i komic (El fin y el comienzo) confirman la opinión de Kwiatkowski y nos invitan a una atenta lectura en una prospectiva ética. Esos dos pequeños volúmenes, traducidos a varios idiomas (búlgaro, checo, holandés, danés, inglés, alemán, húngaro, rumano, eslovaco, sueco) dieron a la poetisa fama y reconocimiento y, finalmente, también premiaciones: a partir del Gorthe Preis en 1991, el Pen Club polaco en 1996 y, recientemente, luego del Nobel, el premio Boguslaw Linde, obtenido junto a Günter Grass por su contribución al acercamiento de los pueblos.

 

La palabra difundida en más de 200 poesías, encontró ya a sus intérpretes: después de la interpretación metafísica, aparece también la interpretación religiosa; pero la presencia de una dimensión tal es negada por algunas voces, como por ejemplo ésta: «El phatos del ser, el movimiento de las cosas de la trascendencia a la esencia, el ‘estremecimiento metafísico’, tienen enWislawa Szymborska un carácter totalmente laico. Su universo, su cosmos humano y poético, se celebra sin la bendición ni el patronazgo de ninguna Instancia última, ni de ninguna Institución Espiritual o Alto Comisariato alguno» 2. Este juicio es demasiado radical y, probablemente, no corresponde enteramente a la realidad. De todos modos no es cosa fácil hablar de la dimensión metafísica o religiosa de la poesía de Wislawa Szymborska; en efecto, su poesía crea muchas dificultades a quien quiera explicarla y, tal vez, sea mejor permanecer con esa perplejidad, sin buscar explicaciones. Recientemente, dijo en una entrevista: «No soy particularmente religiosa en el sentido que usted imagina, es decir, no soy practicante. Pero tampoco soy atea, una (persona) sin Dios. Le daría más explicaciones si no fuera porque hoy, en Polonia, la religión es tironeada desde todas partes» 3.

Un anhelo religioso latente

 

Para comprender su concepción de la realidad es muy significativo el discurso pronunciado en Estocolmo, con ocasión de la entrega del Premio Nobel. En él citó, con profundo respeto, a Josif Brodski, quien era un convencido de que la poesía era un don de Dios; por eso se volvió al Qohélet: «Cada tanto me suceden situaciones imposibles: en mi presunción me imagino hablando con Qohélet, un autor siempre dispuesto a lamentarse por la miseria de toda situación humana. Me inclino profundamente frente a él que, para mí, es uno de los grandes poetas. Pero, inmediatamente después, lo sorprendo en flagrante. ‘Tú dijiste: ‘No hay nada nuevo bajo el sol’; sin embargo, tú no eres otra cosa que una novedad bajo el sol. Y tu poema es totalmente nuevo bajo el sol, porque nadie, antes que tú, ha hecho una cosa semejante. Y nuevos bajo el sol son todos tus lectores, porque los que vivieron antes que tú, no han podido leerte’» 4. Todo el discurso está construido en un registro de sutil pesimismo que, paradójicamente, provoca algunas expresiones sinceramente serenas: «De todos modos vale la pena ser poeta porque, gracias a la poesía, el mundo se torna más interesante». ¿Sólo gracias a la poesía?

 

 

 

 


 

 

 

Notas

1. A. Legezynska, Wislawa Szymborska, Posnan, 1996, 20.

2. A. Watr, Syzyf poezji w piekle wspólczesnosci. Rzecz o Wislawie Szymborskiej,Warszawa, 1996, 18.

3. F. Zambonini, «’Prefiero los gatos’. Entrevista con W. Szymborska», en Famiglia Cristiana, 1996, n. 45. 58.

  4Zycie, 9 de diciembre de 1996, 9.

 

 

 

Texto de La Civiltà Cattolica 1997 I 253-258, quaderno 3519, por Obirek, Staniskaw.

Traducción de Alberto Azzolini.

Una obra que estoy adaptando de Irenka Girondo, amiga querida. Cualquier sugerencia…

 

 

el paso suspendido

Una compilación de varios libros de poesía de la ganadora del nóbel de literatura, Wisława Szymborska:

Llamando al yeti (1957)

Sal (1962)

¡Qué monada! (1967)

Acaso (1972)

El gran número (1976)

Hombres en el puente (1986)

Fin y Principio (1993)

 

Supe que existía Szymborska por la película Tres Colores: Rojo de Krzyszstof Kieslowski, ya que se cuenta que fue El flechazo (Amor a primera vista como también se le conoce) la poesía que inspiró el tema de la película. Más adelante la reencontraría gracias a una amiga que me pidió adaptar una obra de teatro que ella había escrito a partir de varios poemas de Wisława Szymborska. Ahí fue cuando tuve oportunidad de echar mano de este libro que hoy comparto…

 

La compilación de una poeta que me parece maravillosa, mágica…

 

 

 

 

paisaje con grano de arena

Gracias te doy, corazón mío,

por no quejarte, por ir y venir

sin premios, sin halagos,

por diligencia innata.

Tienes setenta méritos por minuto.

Cada una de tus sístoles

es como empujar una barca

hacia alta mar

en un viaje alrededor del mundo.

Gracias te doy, corazón mío,

porque una y otra vez

me extraes todo lo malo,

incluso cuando sueño.

Cuidas de que no me suelte a la corriente,

y hasta el extremo de un vuelo

para el que no se necesitan alas.

Gracias te doy, corazón mío,

por haberme despertado de nuevo,

y aunque es domingo,

día de descanso,

bajo mis costillas

continúa el movimiento de un día laboral.

 

 

Do serca w niedzielę

Dziękuję ci, serce moje,

że nie marudzisz, że się uwijasz

bez pochlebstw, bez nagrody,

z wrodzonej pilności.

Masz siedemdziesiąt zasług na minutę.

Każdy twój skurcz

jest jak zepchnięcie łodzi

na pełne morze

w podróż dookoła świata.

Dziękuję ci, serce moje,

że raz po raz

wyjmujesz mnie z całości

nawet we śnie osobną.

Dbasz, żebym nie prześniła się na wylot,

na wylot,

do którego skrzydeł nie potrzeba.

Dziękuję ci, serce moje,

że obudziłam się znowu

i chociaż jest niedziela,

dzień odpoczywania,

pod żebrami

trwa zwykły przedświąteczny ruch.

 

 

De “Mil alegrías -Un encanto-” 1967
Versión de Gerardo Beltrán

 

 

Cine De Poesia Contra Cine De Prosa

 

 

Goza_tu_sintoma._Lacan_en_Hollywood__Slav

Para todos aquellos guionistas o interesados en las estructuras dramáticas (en este caso, el carácter), aquí la biblia de Lucas, Spielberg, Coppola: El héroe de las mil caras.

 

Campbell, Joseph – El Heroe De Las Mil Caras (241p)

¿Y si, como sugiere Schelling,

la eternidad fuera menos que la temporalidad?

¿Y si la eternidad no fuera más

que un terreno estéril, impotente,

carente de vida,

un ámbito de puras potencialidades que,

para poder cobrar realidad,

debe pasar por la existencia temporal? (1)

Mi abuela tenía seis hermanos.

Fue una noche buena en la que todos estaban reunidos cuando después de algunos tragos comenzaron a platicar.

Contaban la historia de mi bisabuela, cuando un día de mucho viento (viento fuerte) , allá en el puerto de veracruz, vehemente se agitó una palmera que terminó por desprender un par de cocos. En ese entonces, mi bisabuela que estaba al pie del árbol, logró caminar unos pasos hacia adelante con el carro donde llevaba a mi tío abuelo, el más pequeño de los seis y así se disponía a atravesar la calle. Sus otros hijos y mi bisabuelo la esperaban del otro lado.

Apenas avanzó un par de pasos, lo cocos cayeron justo en el lugar donde ella estaba parada un par de segundos antes.

 

 

 

 

Mi abuela tenía ocho hermanos.

Fue una noche buena en la que todos estaban reunidos cuando después de algunos tragos comenzaron a platicar.

Cada uno de ellos recordaba el suceso de manera distinta y ninguno podía ponerse de acuerdo. Para uno, mi bisabuela llevaba un vestido y un sombrero, para otro llevaba pantalones y una blusa, no llevaba sombrero; el otro no recordaba el episodio de los cocos pero juraba que era el sombrero el que había sido removido de la cabeza de su madre a causa del viento. Mi abuela (¿era mi abuela o alguien más?) no estaba de acuerdo, y defendía la historia de los cocos y el carro de bebé. Una de sus hermanas negaba que hubiera carriola y aseguraba que Jorge, el menor, ya caminaba. La otra hermana estaba de acuerdo con mi abuela (¿era mi abuela o alguien más?), pero no lograba recordar ni la fecha ni el atuendo que llevaba mi bisabuela en aquel entonces; la tercera hermana no recordaba el suceso y si acaso creía recordar, decía que había escuchado la historia de mi bisabuela misma, pero en este caso todo le sucedía a mi bisabuelo, y no era veracruz, sino tabasco. Jorge, el menor de los ocho decía que pudo haber muerto de haber sido cierto, que tal vez había muerto en efecto, o que al no tener consciencia de lo ocurrido, el hecho no había sucedido, al menos no para él.

 

 

 

 

Mi abuela tenía tres hermanos.

Fue una noche buena en la que todos estaban reunidos cuando después de algunos tragos comenzaron a platicar.

Al no poderse poner de acuerdo en cómo había sido el suceso, los dos mayores estuvieron de acuerdo en que al menos para ellos, les causaba satisfacción creer que las cosas habían sucedido como se lo habían imaginado.

 

 

 

 

Mi abuela tenía siete hermanos.

Fue una noche buena en la que todos estaban reunidos cuando después de algunos tragos comenzaron a platicar.

Yo, filmo sus historias: una versión distinta de los hechos en cada ocasión, tal como cada uno lo recordaba: el vestido, los pantalones, el carrito, el sombrero, el viento, los cocos, mi bisabuelo, mi bisabuela. Pero no las edito por separado, sino que hago el montaje como si fuera un sólo suceso, mi muy particular manera de recrear el laberinto de Tsúi Pên.

 

 

 

 

“En esa perplejidad, me remitieron de Oxford el manuscrito que usted ha examinado.Me detuve, como es natural, en la frase: Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan. Casi en el acto comprendí; el jardín de los senderos que se bifurcan era la novela caótica; la frase varios porvenires (no a todos) me sugirió la imagen de la bifurcación en el tiempo, no en el espacio. La relectura general de la obra confirmó esa teoría. En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui Pên, opta —simultáneamente— por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también, proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones de la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts’ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones. Alguna vez, los senderos de ese laberinto convergen; por ejemplo, usted llega a esta casa, pero en uno de los pasados posibles usted es mi enemigo, en otro mi amigo. Si se resigna usted a mi pronunciación incurable, leeremos unas páginas.” (2)

 

 

 

 
Porque, ¿qué son todas esas historias (siete, ocho, tres o una) sino un mismo suceso? El legado de un recuerdo, que al unirse a otro, forman un recuerdo si no más esférico, si con más aristas. No un cubo, un hipercubo. No un suceso de tres dimensiones, sino de cuatro, cinco, siete; tantas dimensiones como la teroía de cuerdas nos lo permita.

 

 

 

 

Y en esa historia (mi historia) no sólo se funden presente y pasado (la cena de noche buena y el recuerdo de veracruz), sino que el espacio se vuelve uno sólo. Mi bisabuela voltea cuando caen los cocos, justo detrás de ella; en ese instante el viento le vuela el sombrero, ella va por él. Mi bisabuelo en tabasco, tiene el mismo suceso, luego mi bisabuela viste de otra forma, los cocos caen nuevamente y matan a mi tío. Luego nada sucede.

 

 

 

 

Y es que el cine es lo más cercano a lo que un viaje multidimensional puede ser: un rollo de película contiene el pasado y presente en una sola línea continúa, dividida acaso por los fotogramas (que no son otra cosa más que metáforas de nuestro presente tridimensional, plasmados en sólo dos dimensiones). Pero esa línea puede fragmentarse y unirse a otros presentes (filmados en otro día, con otros actores, en otro sitio) y al colocarse juntos, realizarse un imposible juego de campos y contracampos.

 

 

 

 

“La vida es como una película. Cada fotograma es un pedazo congelado del tiempo que se une a otro en una línea continúa. Así, el rollo en su totalidad es una representación física del tiempo. De la misma forma, nuestra vida es una línea consecutiva de instantes que nuestro cerebro va ordenando mentalmente. Cada uno de esos instantes es una posibilidad, un fotograma, una toma y como si fuera el montaje de una película, la unión de cada instante de nuestras vidas con otro está determinado por las decisiones que tomamos desde que nacimos hasta el último día de nuestras vidas.

 

 
En nuestra realidad, somos incapaces de percibir más de uno de esos instantes, de la misma forma que cada fotograma está separado de los demás a lo largo de toda la película, pero eso no quiere decir que no existan. El tiempo, nuestra vida, no es más que una larga serpiente de celuloide; y esta serpiente se puede cortar, pegar y volver a cortar en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos
divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades.
Si acaso pudiéramos encontrar la forma de ir hacia adelante o hacia atrás a nuestra voluntad, como en un proyector, o incluso de cortar los diferentes instantes y crear nuevas posibilidades, como un filme montado en una moviola.

 

 
“Si tuviéramos esa capacidad de manipular nuestra existencia, ¿qué sucedería? ¿qué es lo qué harías? ¿Qué es lo que harías si tuvieras la posibilidad de hacer todo de nuevo?” (3)

 

 

 

 

Como en El Jardín de Borges, el personaje que había muerto puede resucitar nuevamente, el vaso roto que menciona Tarkovsky en su Esculpir el tiempo, se restaura más adelante conforme el filme avanza.

 

 

Como en un viaje dimensional podemos ir al pasado, al futuro, ralentizar el tiempo, jugar con el raccod y el montaje. Estar en dos espacios al mismo tiempo. El cine permite abarcar todas y cada una de las posibilidades fílmicas. Puede hacer que dos estatuas cobren vida ante nuestros ojos.

 

 

Reflexiono al ver el pietaje filmado y entonces la entiendo, a ella, a la que siempre, de manera inconsciente, he perseguido, imaginado, soñado, imitado pero jamás igualado: a ella, la de Resnais.

 

 

Es claro que en mi experimentación no descubro el hilo negro, pero me queda claro a que se refería el francés cuando filma El año pasado en Marienbad.

 

 

 

 

En un sitio de largos pasillos como laberintos, y escaleras y pasillos y escaleras y pasillos, dónde sólo queda recorrerlos y el recorrido es siempre solitario, individual, esperamos, como espera X, la variable, el personaje de Giorgio Albertazzi.

 

 

El espacio no se mueve, es el mismo, pero muta, cambia con nuestras percepciones, cambia con nuestras decisiones, cambia por el azar.

Y nosotros también cambiamos, como en un juego algorítmico, como el juego de Nim: probabilidades, cálculos y la suerte definiéndonos. teoría del caos.

 

 

Nuestra historia es como es, pero no quiere decir que ya no vaya a ser como debió haber sido. En nuestro universo entonces, el hubiera si existe, pero en un mundo diferente, paralelo al nuestro; en el filme, Resnais filma todos esos universos, al menos todos los que se le ocurrieron.

 

Tal vez A (Delphine Seyrig) no recuerda lo que sucedió hace un año en Marienbad, o acaso es que aún no sucede, o acaso decide que se le olvida, o no decide nada pero el olvido la define de todas formas.

 

Tal vez ella no lo recuerda realmente porque lo que sucedió el año pasado en Marienbad no le sucedió a ella, sino a “otra ella”, en un tiempo y dimensión distintos, en un espacio diferente del gran castillo; acaso le sucedió cuando ella no era más que un personaje de la obra del inicio de la película (una obra que sin embargo nos cuenta el final de la historia, o acaso el posible final de una de las posibles historias).

 

 

Y como fotogramas, los personajes son mostrados quietos, firmes, sin movimiento, como las esculturas de Carlos III en el jardín, pero no es una quietud muerta, sino que Resnais detiene el tiempo y deja que podamos ver un solo instante, fracción de segundo desde todos los ángulos; y como el dios que es de su filme, les permite salir de la estática para decir un diálogo, un sólo instante de movimiento, de interacción. Cuando Resnais cree que es suficiente, los hace pasar al mutismo, al estatismo nuevamente.

 

 

Por que es su película al fin y al cabo. Por que el cine lo puede.

Es el único arte que lo puede hacer de una manera tan inmediata: explotar hasta el máximo las posibilidades cuánticas.

 

 

 

 

“El cine tiene una cualidad interesante analizada desde la teoría cuántica, cuando vamos a ver una película en un cine actual, vamos a una suerte de capilla o templo pagano, un lugar oscuro, es como entrar al subconsciente, en el cual nos entregamos a una pantalla que nos entrega visiones, en cierta medida nos transformamos en visionarios, entramos en un trance, en un ensueño provocado por una máquina que ilumina fotogramas, para poder gozar de una película es necesario entrar en ese estado de semisueño, quizás un estado similar al estado Alfa, sólo así podemos disfrutar de la película y comprender su lenguaje audiovisual, esto también sucede en otro medio audiovisual como la televisión o los videos pero en menor escala, ya que una pantalla de gran formato y un sonido envolvente realmente Amplifican el contenido de la obra.

 

 

“Volviendo al trance cinematográfico podríamos decir que ver una película es una actividad mental (sin considerar si comes popcorn o lo que sea mientras miras la pantalla), en este sentido se transforma en un pensamiento audiovisual o más bien en una información que penetra nuestra conciencia y nos volvemos uno con esa realidad proyectada, de hecho para no perderse en la película es necesario verla desde el principio, sólo así podemos entrar en su lenguaje vivo, sólo así podremos decodificar correctamente sus jeroglifos luminosos.” (4)

 

 

 

 

“De acuerdo con el Principio de Vibración de la Filosofía Hermética todos los fenómenos se suceden en una infinita onda vibratoria que permite la interconexión entre todos los elementos que conforman ese fenómeno, permaneciendo en constante intercambio de energía.

 
“Las variadas expresiones del poder universal se deben al grado y modo de las vibraciones, incluso el TODO definido en el primer principio como la mente y el universo, expresa una intensidad de vibración que puede considerarse en reposo. Considera el Kybalión que el espíritu ocupa un polo de vibración, mientras que el polo opuesto lo ocupa las diversas representaciones de la materia, entre ambos polos hay millones de millones de grados y modos de vibración diferentes. La ciencia moderna explica que todo lo que denominamos materia y energía son “modos de movimiento vibratorio”, en toda materia hay vibraciones que surgen de la temperatura o el calor, también todas las partículas de materia se mueven cíclicamente desde el corpúsculo hasta los soles; ejemplo, los planetas alrededor de los soles y sobre su propio eje. También dice la ciencia moderna que las moléculas de la materia y los átomos están en un estado de vibración y movimiento constante la una alrededor de la otra.” (5)

 

 

 

 

Tal vez en una de las líneas temporales realmente no sucedió nada, en otra lo han olvidado ambos, en otra lo recuerdan y como consigna se escapan juntos, en otra él es tan sólo un acosador, en otra es quizás ella una vampiresa, dando besos que se repiten de mil maneras, ad infinitum.

 

 

 

 

“Para la filosofía hermética todas las representaciones cognitivas, emotivas y volitivas, tales como los pensamientos, las emociones, la razón, la voluntad, los deseos, los sentimientos, entre otros, producen movimientos vibratorios que conectan con los pensamientos, sentimientos, emociones, deseos, etc., de las otras personas.” (6)

 

 

 

 

El año pasado en Marienbad, una película que no habla del recuerdo, sino de cómo se recuerda. Habla del tiempo y del olvido en el tiempo.

 

 

Que no habla de las decisiones sino de las posibilidades y de cómo el hombre, ante esas posibilidades es impotente, incapaz de controlar nada.

 

 

 

 

“Es un hecho bien conocido que el botón para cerrar la puerta de la mayoría de los ascensores es un placebo totalmente inútil, puesto ahí solo para darle a la gente la impresión de que participa de algún modo y contribuye a acelerar el viaje en ascensor: cuando apretamos ese botón, la puerta tarda exactamente el mismo tiempo en cerrarse que si apretamos el botón del piso sin tratar de «acelerar» el proceso apretando también el botón «cerrar la puerta». Este caso extremo y evidente de falsa participación es una buena metáfora de la participación de los individuos en el proceso politico «posmoderno».

 
“Nos encontramos aquí ante la versión más pura del ocasionalismo: según Malebranche, nos pasamos la vida apretando esta clase de botones, y solo por la actividad incesante de Dios existe alguna coordinación con lo que sucede después (la puerta se cierra), por más que a nosotros nos parezca que es el resultado de que nosotros hayamos apretado el botón…” (7)

 

 

 

 

Y de corredores y escaleras y pasillos, en un lugar donde el tiempo parece haberse ido a otra parte, pero no la consciencia.

 

Porque el tiempo no existe más que como consciencia, que crea como big bang ocasional / filosófico, al tiempo.

 

 

 

 

“Cuando muramos nuestra consciencia ya no habitará, dejaremos el presente como antes de haber nacido; regresaremos a ese estado de inconscienca antes del tiempo, antes de todo. No habra que temer a la muerte entonces, porque la muerte es nada.” (8)

 

 

 

 

“Una nueva “experiencia de vida” parece estar hoy en el aire, la percepción de una nueva vida hace estallar la forma de la narrativa lineal centrada, que presenta la vida como un flujo multiforme; hasta en el dominio de las ciencias “duras” (física cuántica y su interpretación de la Realidad Múltiple; neo-darwinismo) parecemos obsesionados con la idea de las oportunidades perdidas de la vida y por las versiones alternativas de la realidad. Quiero citar aquí la cruda formulación de Stephen Jay Gould que utiliza precisamente la metáfora cinematográfica:

 

 

“Rebobinen la película de la vida y háganla correr de nuevo. La historia de la evolución será totalmente diferente”  (8)

 

 

 

 

El código cinematográfico de hoy intenta imitar, no el movimiento, sino el
crecimiento, e incluso el crecimiento caótico, como un aspecto de la vida. Las
variables de la imagen se convirtieron en agentes autónomos, en datos con una
vida propia.

 

 

 

 

Porque nosotros, el “yo mismo”, nuestro sujeto realmente no existe, es sólo pura percepción, o como dejaría claro el propio Resnais, en otra película: Hiroshima, mon amour, el recuerdo es sólo nombre, porque el nombre es lo único que queda del recuerdo (un momento en el tiempo que somos incapaces de recordar en su totalidad, con todo el dolor; por eso le dice Eiji Okada a Emmanuelle Riva, “tú no conoces Hiroshima”), y es por eso que al final se dicen “tú eres Nevers”, ella le contestará “y tú eres Hiroshima”.

 

 

 

 

Si el tiempo es pura percepción, Resnais en El año pasado en Marienbad nos habla de que en nuestro presente hay sólo pasado, porque el futuro que era nuestro, quizás ya lo habíamos vivido.

 

 

Y lo hemos olvidado…

 

 

——

(1) Slavoj Žižek: “El títere y el enano. El núcleo perverso del cristianismo”. Paidós, Espacios del saber, nº 46

(2) Jorge Luis Borges: “El Jardín de senderos que se bifurcan”. (1941; Ficciones, 1944)

(3) Jorge Rodríguez Patiño, “Betelgeuse, o la estrellaba que palpitaba como un corazón”. (Guión cinematográfico, 2011)

(4) Alvaro Robles, “El cine cuántico”.

(5) Lesbia González Cubillán, “Proyección de algunos postulados de la teoría cuántica en el cine”.  Universidad de Zulia, Venezuela.

(5) Lesbia González Cubillán, op. cit.

(7) Slavoj Žižek, “Malebranche como filósofo de la realidad virtual”.

(8) Jorge Rodríguez Patiño, op. cit. 

(9) Stephen Jay Gould, “Time Scales and the Year 2000” en Eco, Gould, Carriere, Delumeau, Conversations About the End of Time, Harmondsworth: Penguin Books 2000, p. 41.