En la mayoría de las tragedias escritas por William Shakespeare se dan algunas características que las distinguen de sus antecesoras. Una de ellas es que presentan condiciones mentales anormales, como la locura, el sonambulismo, las alucinaciones y otras. En este estudio he querido examinar la locura en la obra Hamlet, analizando someramente la locura fingida en el Príncipe Hamlet y la locura real en la hermosa Ophelia.
Muchos intentos se han hecho y se seguirán haciendo para llegar a una comprensión más profunda de este carismático personaje que ha desafiado a los lectores y críticos de todos los tiempos con su atractiva, multifacética, interesante, conflictiva y misteriosa personalidad, como la Gioconda y su sonrisa o el mismo Don Quijote con su magnífica e inigualable locura. Es parte de la grandeza de William Shakespeare lograr que nos sintamos atraídos y casi obsesionados en dilucidar sus motivos y seguir sus angustias y reflexiones, tratando de comprenderlo y así, comprendernos a nosotros mismos en particular y al universo en general.
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La historia escénica de Hamlet se remonta al año 1589 aunque no hay copias de esta versión. Fue impresa recién en 1603 en versión “Quarto” (sus páginas tienen el doble del tamaño que en la versión de la edición New Swan Shakespeare). La historia no es original. Séneca presenta en Ur-Hamlet la cruda fórmula de la tragedia de venganza. La leyenda se remonta a 1186 en Historia Danica, escrita por Saxo Grammaticus
e impresa en 1514. Más tarde, en el siglo XVI fue traducida al francés por Francois de Belleforest en un ítem de su colección Histories Tragiques, publicado alrededor de 1570. Algunas de los cuentos de esta colección fueron traducidos al inglés pero ninguna traducción de la historia de Hamlet se ha conocido antes de 1608. El quinto volumen de Belleforest es una historia de adulterio, fratricidio, venganza y locura fingida, incluyendo un viaje a Inglaterra y el intercambio de cartas. Los personajes Polonius, Horatio, Ophelia, Rosencrantz y Guildenstern también aparecen en la historia de Belleforest, pero es William Shakespeare quien los transforma y les otorga la inmortalidad. En artículos anteriores he analizado el aspecto de pregunta retórica que marca la obra con un estilo anafórico, con múltiples interrogantes que deben ser respondidas por cada lector
en particular; en otro artículo2 investigué la función de la alusión en la misma obra, proponiendo la idea de que la alusión en ésta cumple una importante función para completar y enriquecer su significado.
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En este breve ensayo, mi intención es enfocarme en dos temas que me parecen muy interesantes: las condiciones anormales de la mente en la obra Hamlet y el proceso psicológico de evolución en la personalidad del príncipe Hamlet.
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A.C. Bradley 3 plantea que, frecuentemente, en las tragedias de Shakespeare se dan condiciones anormales en la mente de los protagonistas como la locura, las alucinaciones, el sonambulismo, entre otras, y también seres sobrenaturales como fantasmas y brujas que aportan a la trama con funcionalidad, no como meras estrategias para impresionar a la audiencia; además, examinaré al príncipe Hamlet desde el punto de vista de su desarrollo y movimiento hacia una maduración que se consagra al final de su vida joven, siguiendo en este planteamiento a Irving Ribner4, teniendo siempre en cuenta que toda aproximación a la obra de William Shakespeare es parcial y discutible, el resultado de lo que el ensayista cree que es lo más relevante, siempre condicionado por su propia historia y tiempo.
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Goddard 5 compara la obra Hamlet con un espejo. El espejo no tiene nada de misterioso hasta que alguien se mira en él; entonces, aunque es el mismo espejo, presenta rostros diferentes a cada persona que lo sostiene frente a sí. Lo mismo sucede con la obra de arte: no tiene existencia propia hasta que alguien se refleja en ella y nunca el reflejo será igual, porque lo que vemos es un fragmento de nuestro propio ser, de nuestra propia alma y, mientras más grandiosa la obra de arte, el fragmento que vemos será más grande. Hamlet es posiblemente el ejemplo más convincente de esta verdad: todos encontramos algo de nosotros mismos en esta tragedia. Por esta razón, todo lo que se ha escrito y se seguirá escribiendo sobre ella son solamente diferencias de opinión. Hamlet es, en sí misma, una obra de teatro dentro de otra. La Muerte de
Gonzago, drama representado al interior de esta tragedia, propuso significados diferentes a cada uno de los presentes ese día en el palacio de Elsinore, lejos allá en Dinamarca. El misterio en el corazón del Príncipe Hamlet jamás será develado completamente, toda aproximación será
solamente un intento, que no dejará satisfecho a todos sus lectores.
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El Príncipe Hamlet y la bella Ophelia nos enfrentan a dos tipos de locura. Desde luego, Hamlet no está loco y sólo aparenta un trastorno psíquico para favorecer la ejecución de su venganza. Él mismo nos lo recuerda cuando hace jurar a los soldados y a su amigo Horatio que nunca van a revelar lo que han visto y escuchado en la plataforma del castillo esa noche, aunque su conducta sea muy rara o extravagante y que no lo traicionarán con gestos o guiños que delaten que saben de su conducta fingida:
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Here, as before, never, so help you mercy
How strange or odd soe ‘er I bear myself,
As I perchance hereafter shall think meet
To put an antic disposition on, (II.1).
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En algunos momentos, sin embargo, su exceso de cavilación se hace equívoco y pareciera que se acerca demasiado al precipicio, en cuyo borde juega peligrosamente. Sus cavilaciones no son caracterológicas sino existenciales ya que se enfrenta a un dilema ético que cuestiona, al mismo tiempo, la validez de su sospecha y el margen legítimo de su acción. Cuando no está enfrentado a este dilema, Hamlet actúa con resolución, con rapidez y sin vacilar (el asesinato de Polonius, su valentía para seguir al fantasma de su padre y escucharlo pese al temor de la guardia real, su astucia para liberarse de sus amigos traidores durante el viaje a Inglaterra, la valentía para enfrentar a Laertes en la tumba de Ophelia primero declarando su amor más fuerte que el de cuarenta mil hermanos y más tarde en el duelo a espadas y dagas, en el que se enfrentan dos valientes que han sufrido la misma pérdida).
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I lov’d Ophelia:forty thousand brothers
Could not, with all their quantity of love,
Make up my sum (V.1.)
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Lo que Hamlet simula no es una locura sino una demencia 6. Su conducta es errática y caprichosa, con cambios súbitos del ánimo. Su lenguaje es a veces incoherente, con palabras y frases sin sentido, pero su aparente perturbación está hecha de esos cambios caleidoscópicos en relación directa con las circunstancias de las situaciones que enfrenta. En los verdaderos delirios, la perturbación psíquica tiene un eje central. La posible patología de Hamlet es, según Peña y Lillo, una depresión melancólica que, además de la angustia y de la tristeza del ánimo, se caracteriza por la vacilación insegura y el abrumamiento que, tal como le ocurre a Hamlet, detiene el curso de la acción.
Dice Hamlet con singular ingenio:
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I am but mad north-north-west
When the wind is southerly
I know a hawk from a handsaw (II.2).7
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Para cada personaje, la locura de Hamlet tiene diferentes causas. Para Polonius su origen es el amor que Ophelia le ha negado por orden expresa de su padre y los consejos de su hermano; para su madre la reina Gertrude, ésta tiene origen en su corto duelo y su apresurado matrimonio con Claudius, hermano del rey muerto; para sus amigos Rosencrantz y Guildenstern la demencia tiene por causa la ambición por el trono que le correspondería por línea de sucesión, pero para Claudius, cuya conciencia lo acusa y no le permite descansar ni orar, la locura del príncipe es peligrosa y la locura en los grandes debe ser vigilada.
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Pray can I not…
Since I am still possesse’d
Of those effects for which I did murder,
My crown, mine own ambition and my queen (III.3).
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Solamente para Ophelia, la inocente y candorosa Ophelia, Hamlet ha perdido verdaderamente la razón y ella ruega a los poderes celestiales que se la restituyan.
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O! help him, you sweet heavens.
O heavenly powers, restore him! (III.1).
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En cambio la locura de la bella, enamorada y dulce Ophelia es genuina y se produce paulatinamente. Al principio es feliz, ama y es amada. Recibe cartas y dulces palabras de amor. Luego Laertes, su hermano, antes de partir en su viaje de placer a Francia, introduce la duda y el temor en su corazón ya que Hamlet, por su destino real, no puede contraer matrimonio siguiendo los impulsos del corazón sino que se debe al bienestar político de su reino. Polonius, su padre, por quién profesa gran respeto, le prohíbe verlo y la insta a traicionarlo al espiar junto al rey su conversación con el príncipe. Hamlet, al darse cuenta de esta traición, la enfrenta con dureza, le niega su amor y le ordena ir a un convento para que no sea responsable de traer más seres humanos a este mundo lleno de pecados y pecadores.
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Get thee to a nunnery: why wouldst thou be a breeder of sinners? (III.1)
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Ophelia está desorientada porque, durante la representación de la obra de teatro a cargo de los actores itinerantes, Hamlet nuevamente le propone frases seductoras bajo la mirada inquisidora de su padre, del rey y de la reina. Su quiebre emocional llega a la cúspide cuando su padre es asesinado por el hombre que ama y desde ahí en adelante, su locura es progresiva, manifiesta, produciendo la piedad de todos. La escena de las flores, inmediatamente antes de su muerte, es de una gran belleza. En Shakespeare siempre el bufón de la corte, el ciego y el loco expresan las palabras más cuerdas, sabias y profundas; esta vez no es la excepción. Las flores se consideraban antiguamente como formas primitivas de los dioses y las veneraban como símbolos de nueva vida y para acompañar a los muertos. A Laertes le entrega romero para la memoria y pensamientos para los recuerdos; Laertes considera que pensamientos y recuerdos son una lección en la locura. Al rey le ofrece hinojos y aguileñas y a la reina le regala ruda (para el arrepentimiento) que también le va a servir a ella, aunque de un modo distinto. A Horatio quisiera darle violetas, pero se marchitaron al morir su padre. La entrega de flores va acompañada de canciones tristes y fúnebres que desgarran el alma. Laertes dice Reflexiones y congojas, delirios y el mismo infierno/ todo lo trueca en gracia y dulzura (IV-6).
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Su muerte también está rodeada de flores y de misterio. Hay un arroyo cristalino y un sauce de plateado follaje. Ella va adornada con caprichosas guirnaldas de ranúnculos, ortigas, orquídeas y velloritas, y se ha caído al arroyo cuando la rama del sauce se desgarra. Ella permanece flotando como una náyade y se hunde en medio de sus dulces cantos; ésta es la versión de la reina al acongojado Laertes. Pero los sepultureros tienen otra versión muy diferente, opinando que se ahogó intencionadamente y que la versión oficial de la realeza tiene por objeto darle sepultura cristiana, que de otro modo, le estaría vedada por razones religiosas. Como podemos apreciar, las dos locuras tan diferentes en su origen, conducen al mismo
resultado de muerte, aunque la muerte de Ophelia es patética y, en cambio, la muerte de Hamlet es trágica produciendo admiración y respeto, incluso al enemigo. Fortinbras, al ver ese cuadro de horror al final de la tragedia, le rinde el homenaje a un gran guerrero, con descarga de
artillería y música marcial.
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Let four captains
Bear Hamlet; like a soldier, to the stage
For he was likely, had he been put on,
To have prov´d most royally:and, for his passage,
The soldiers´ music and the rites of war
Speak loudly for him. (V.6).
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El segundo tema de esta investigación literaria desglosa la idea de que en la personalidad del príncipe Hamlet hay un desarrollo, un movimiento que culmina en una maduración cristiana hacia la fe y la entrega en las manos de la divina Providencia. Hamlet llega a un universo devastado por el mal cuyo origen no es su culpa. Su melancolía y su fe lo hacen confesar, ante el temor de los guardias de que el fantasma de su padre que lo invita a seguirlo para conversar, pudiera hacerle algún daño:
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I do not set my life in at a pin’s fee;
And for my soul, what can it do to that,
Being a thing immortal as itself? (I.4).8
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Hamlet desea regresar a la Universidad de Wittenberg9 pero su deseo es denegado por el rey a petición de su madre. Be as ourself in Denmark, dice el rey. I pray thee, stay with us, implora la madre-reina. La invitación tiene doble lectura; por un lado, le proponen que deje el duelo y la tristeza para disfrutar los placeres de palacio y, por otro, que abandone las acusaciones y las culpas, aceptando la traición, la infidelidad y la mentira como parte de la vida misma. Hamlet debe luchar y oponerse a este mal que lo impregna todo Something is rotten in the state of Denmark, es el acorde inicial de su melodía. Está sólo en este globo 10 y no tiene ayuda alguna: su madre, su amada, Laertes y sus dos amigos lo han traicionado alineándose con el bando del mal, representado por el rey Claudius. El mundo está fuera de quicio y maldice la suerte que lo designa a él para enmendarlo.
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The time is out of joint; O cursed spite,
That ever I was born to set it right! (I.5).
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Su tarea es gigantesca, compleja y simboliza el crecimiento y la maduración de un hombre en conflicto con el mal. Hamlet hace un esfuerzo tras otro para cumplir su propósito, pero cada vez es vencido, cual símbolo de humanidad común, nada hay de extraordinario en su condición humana. La obra de teatro representada para comprobar la culpa del rey es la primera victoria de Hamlet sobre el rey Claudius, pero a la vez es una derrota, ya que deja al descubierto su propósito y sus sospechas, dejándolo en manos de su enemigo, razón por la cual es enviado a Inglaterra para que sea eliminado.
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En el último acto, Hamlet comprende la verdadera naturaleza de su misión en el mundo, se somete a la voluntad de Dios y, en esta sumisión consiste su verdadera victoria. Ya no tiene dudas acerca del curso que debe seguir su acción; no tiene ya ningún plan para matar al rey y pareciera que no necesita ninguno. Ha colocado toda su confianza en la mano de la Divina Providencia. Cuando Horatio sugiere que deberían posponer el duelo, Hamlet se niega porque ha descubierto que la tarea de la venganza no es una tarea particular y privada suya sino un acto de bien público conforme a la ley, debe actuar como ministro de Dios y no como el azote de Dios. Sus sabias palabras muestran un Hamlet maduro, equilibrado y comprometido con un estoicismo cristiano:
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…we defy augury;
There is a special providence in the fall of a sparrow.
If it be now, ´tis not to come; if it be not to come, it will be now;
If it be not now, yet it will come: the readiness is all. Since no man has
Aught of what he leaves what is´t to leave betimes?
Let it be (V.2).11
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Esta es la respuesta final a la que William Shakespeare nos conduce, la resolución de la paradoja del mandato del fantasma del rey Hamlet. Esta confianza en la divina Providencia es el único plan que Hamlet necesita para combatir el mal en el mundo. El esquema ineficiente de los tres primeros actos no sirve más; Hamlet se ha transformado en un instrumento en manos de la Providencia. En cuanto Hamlet confiado entra al duelo con Laertes y le pide perdón por haberlo ofendido, su actitud estrafalaria (antic disposition), su locura fingida, su angustia, ya no tienen
razón de ser porque eran el signo de su dirección errada. Al final, solamente el fiel Horatio permanece a su lado, a él le encomendará la gran
tarea de permanecer vivo y contar su historia, de justificarlo y explicar a los ojos de las generaciones futuras. Horatio es su testigo presencial en el juicio al que será sometido a lo largo de los siglos, porque, según Hamlet, es un hombre que no es esclavo de sus pasiones, es decir, encarna la areté, la virtud, el ideal griego de armonía y equilibrio en este mundo fuera de quicio.
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BIBLIOGRAFÍA
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BRADLEY, A. 1960. Shakespearean Tragedy .Mac Millan and Co. London.
GODDARD, H. Volume I. 1963. The Meaning of Shakespeare. The University of Chicago Press. Chicago, Illinois, U.S.A.
HOLZBERGER, W; WALDECK, M. 1973. Perspectives on Hamlet.
LOTT, B. (editor) 1968/1979. Hamlet. New Swan Shakespeare. Longman Group.
PEÑA Y LILLO, S. 1993. El Príncipe de la Locura. Editorial Universitaria. Santiago de Chile.
Revista Signos, volumen XXIX, Nº 39. 1996. Universidad Católica, Valparaíso.
RIBNER, I.1960. Patterns in Shakespearian Tragedy. Methuen and Co. Ltd. London.
ROSSEL CONTRERAS, M. 2005. El Resplandor del Delirio. Editorial Universidad de Valparaíso, Valparaíso, Chile.
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CITAS
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1 Revista Signos, vol. 38/39, año 1995/1996, ediciones universitarias, Valparaíso
2 Actas Congreso Sochel.Santiago 1995.
3 Andrew Cecil Bradley, Shakespearean Tragedy.
4 Irving Ribner, Patterns in Shakesperian Tragedy.
5 Goddard, Harold C. 1951.The Meaning of Shakespeare. Volume 1.
6 Sergio Peña y Lillo, El Príncipe de la Locura.
7 Sólo soy loco por astucia…cuando sopla el nor-noroeste/ cuando sopla el viento sur sé distinguir una garza de un halcón.
8 Yo no aprecio mi vida en lo que vale un alfiler, y en cuanto a mi alma, ¿qué podrá hacerle, siendo, como él mismo, algo inmortal?.
9 Wittenberg: universidad alemana cuna del protestantismo
10 The globe hace alusión al teatro The Globe en donde se representa la obra y al globo terráqueo.
11 No creo en presagios; hasta en la caída de un gorrión interviene una providencia especial. Si es ésta la hora, no está por venir; si no está por venir, ésta es la hora; y si ésta es la hora, vendrá de todos modos. No hay más que hallarse prevenido. Pues si nadie es dueño de lo que ha de abandonar un día, ¿qué importa abandonarlo tarde o pronto? Sea lo que fuere.
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Texto Original: Consuelo Mafud Haye
Universidad de Playa Ancha, Chile.
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