Category: POESÍA


Paul Éluard

Es el seudónimo de Eugène Grindel, poeta francés nacido en  Saint-Denis el 14 de diciembre de 1895.

 

Después de una infancia feliz, se vio afectado por una tuberculosis que le obligó a interrumpir sus estudios. Fue movilizado como enfermero durante la Primera Guerra Mundial. En Suiza, en el sanatorio de Davos, conoció a Gala con la que se casó en 1917 y comenzó a escribir sus primeros poemas.

 

 

 

 

Su primer libro, publicado al final de la contienda, fue El deber y la inquietud (1917).

 

En 1918 Jean Paulhan lo descubre y lo asistirá durante toda su vida. Le presentó a André Breton y Louis Aragon con el que mantendrá toda su vida una relación muy profunda pero también conflictiva (siempre alrededor del comunismo). Entró en el grupo dadaista en Toulon. Su contribución al Dadaísmo comienza antes de la llegada de éste a Paris. Como Tristan Tzara estaba todavía en Zúrich, editaron conjuntamente 4 carteles, que difunden por la ciudad a 1000 ejemplares cada uno.

Tras una crisis conyugal, comienza una vuelta al mundo que termina en 1924. Sus poemas de entonces (L’Amour la poésie) son el testimonio de una época difícil: recaída tuberculosa y separación de Gala que se convierte en la Egeria de Salvador Dalí con ocasión de unas vacaciones comunes de las dos parejas en la casa de Dalí en Cadaqués, transformada hoy, en museo.

En 1926, publica Capitale de la douleur que le consagra como un poeta de primera línea. En 1933 se produce una “crisis” con su exclusión del Partido Comunista Francés al que se había afiliado en 1926, regresando al partido clandestino en 1943, 10 años después en plena Segunda Guerra Mundial.

 

 

En 1934, se casó con Nush, modelo de Man Ray y de Pablo Picasso, «la mascota, la chica de los Surrealistas».

Desacuerdos políticos lo alejaron del grupo de los surrealistas en 1938. Durante la Segunda Guerra Mundial fue movilizado y desarrolló su actividad en la resistencia.

Decide, sobre todo, luchar con las palabras. En su poema Liberté (1942) surge el genio: transforma un poema de amor ligero y sublime en grito de protesta y compromiso que le obliga a entrar en la clandestinidad. Su palabra aborda desde entonces, de forma más radical, temas militantes y comprometidos, a los que la extrema concisión formal de su estilo les dota de un mayor impacto.

Tras la muerte prematura de Nush, encuentra su último amor, Dominique, y le dedica su libro Le Phénix, transición entre el horror de la larga decadencia de Nush y el renacimiento por el amor de Dominique, en el cual los temas de la muerte, de la duda, de la desesperación se oponen frontalmente con la vida, el amor, la sensualidad y la carne.

 

 

Murió en 1952 a consecuencia de un infarto de miocardio, y está enterrado en el Cementerio de Pére Lachaise, París.

 

 

El nombre de Paul Éluard aparece incluido por Breton en su manifiesto de 1924 y es considerado por éste como uno de los poetas franceses dignos de llamarse surrealistas.

Precisamente, la extensa producción poética de Éluard se relaciona con el surrealismo, pero quizás no de la forma que lo hubiera esperado Breton. Consideraremos el análisis literario de algunos poemas y comenzaremos con: “Pour vivre ici” que corresponde al año 1918, es por tanto anterior al manifiesto y presenta características simbolistas, sin embargo ya apuntan elementos que serán después bastión surrealista.

 

Vayamos a su análisis.

Pour vivre ici

Je fis un feu, l’azur m’ayant abandonné,
Un feu pour être son ami,
Un feu pour m’introduire dans la nuit d’hiver,
Un feu pour vivre mieux.
Je lui donnai ce que le jour m’avait donné:
Les forêts, les buissons, les champs de blé,les vignes,
Les nids et leurs oiseaux, les maisons et leurs clés,
Les insectes, les fleurs, les fourrures, les fêtes.
Je vécus au seul bruit des flammes crépitantes,
Au seul parfum de leur chaleur;
J’étais comme un bateau coulant dans l’eau fermée,
Comme un mort je n’avais qu’un unique élément.

(1918)

 

Para vivir aquí.

Yo hice un fuego, el azur me había abandonado,
un fuego para ser su amigo,
un fuego para introducirme en la noche invernal,
un fuego para vivir mejor;

Yo le di aquello que el día me había dado:
los bosques, las zarzas, los campos de trigo,las viñas,
los nidos y sus pájaros, las casas y sus llaves,
los insectos, las flores, las hormigas, las fiestas.

Yo viví al solo ruido de sus llamas crepitantes,
al perfume de su calor;
yo era como un barco navegando en un agua cerrada,
como un muerto yo no tenía más que un único elemento.

 

 

 

 

El hombre necesita expresar sus necesidades más profundas y esto sucede, fundamentalmente, cuando el entorno individual se ve alterado de una manera tal que es preciso un gran esfuerzo para recobrar el equilibrio perdido.

En Pour vivre ici (1918) es muy importante considerar la actitud poética ante un mundo que ha cambiado. Nuestro escrito no pretende encontrar en este poema un planteamiento claramente surrealista -como ya quedó expresado- sino subrayar algunos aspectos que pueden constituir la antesala del movimiento encabezado por André Breton a partir de 1924.

Queremos analizar los principales elementos que se integran en la composición -tanto formales como conceptuales- y manejar la teoría de que el presente poema es un fragmento de la totalidad de la obra de Éluard, fragmento de gran valor en la medida en que refleja aspectos sustanciales del sentimiento, personal e intransferible, de quien actúa como sujeto lírico.

 

 

El título, “Pour vivre ici”, refleja el objetivo prioritario que se ubica en la intencionalidad creadora. El deíctico “ici” hunde sus raíces en el lugar de residencia de la voz poética, un “aquí” que puede ser todos los sitios o que muy bien puede no ser ninguno. Lo único cierto -lo notamos desde el inicio- es que se requiere re analizar las situaciones y arribar a conclusiones significativas.

El primer verso se inicia con un acto de creación que puede ser valorado en dos direcciones:

 

1. El fuego creado por el sujeto lírico manifiesta su decisión de actuar más allá de la inercia que podemos descubrir en el mundo que lo rodea.

2. El fuego encendido es el primer indicio de algo que comienza, de algo que irrumpe en medio de la soledad.

Resulta claro también que la actitud inicial es una respuesta a una situación de abandono, según queda dicho en la segunda parte del primer verso. Hay algo que ha dejado de ser y es imprescindible sustituirlo para seguir viviendo. En síntesis, si el “azur” lo ha abandonado, el fuego ocupará su lugar.

El fuego es un símbolo. Como un nuevo Prometeo, el sujeto lírico se dispone a enfrentar la crueldad del invierno que se avecina, haciendo gala de un don de dominio y de arraigo que es otorgado por ese mismo fuego.

Concluido el primer verso, el fuego se adueña, estilísticamente hablando, del cuarteto inicial. Por esa causa, la anáfora de la expresión “Un feu” se reviste de una significación preponderante. El sujeto lírico repite para confirmar su deseo de permanente unión con ese nuevo amigo que es el fuego; reitera para que se entienda el íntimo acercamiento dado entre él y esa potencia natural; insiste para subrayar la convicción, la certeza, más necesaria aún, porque se vive en la inestabilidad de un presente.

 

 

Ahora bien, tres instancias fundamentales permiten que el sujeto lírico se funda con ese fuego y es, precisamente, la anáfora la que nos guía al encuentro de esas significaciones, a saber:

a. El fuego será su inseparable amigo.

b. Le permitirá aventurarse en la noche invernal.

c. Le proporcionará una vida mejor.

En fin, a modo de síntesis para el primer cuarteto, la idea de abandono representada por el “azur” se pierde completamente en la noción de triunfo que sustenta el fuego.

 

 

El segundo cuarteto reviste un carácter explicativo. La voz poética quiere decirnos cómo ha volcado todo su amor en la obtención de ese fuego. Al igual que en la estrofa anterior, el pronombre personal de primera persona, encabeza los enunciados. Es ese mismo “yo”, rebelde y ansioso, quien se ha preocupado por integrar en la inmensa hoguera cada trozo de pasado, cada momento vivido.

La enumeración ocupa un lugar importante en este cuarteto; está marcada a partir de los dos puntos. Esta figura reviste un carácter arbitrario; los elementos que la integran no emergen de una elaborada recreación, sino de una actitud espontánea que pretende descubrir en sí misma la causa de su propia irracionalidad. El fuego, lejos de consumir y acabar los bosques, las zarzas… etc., logrará una recreación sustancial de todos y cada uno de los elementos que conforman la mencionada enumeración.

Paralelamente podemos observar que existen lazos entre los aspectos mencionados y que prepondera la noción de arraigo a través de la imagen de los “nidos y sus pájaros” y de “las casas, sus llaves”. Hay presencias impuestas más por la voz surrealista, como diría Breton, que por la razón. Me refiero al último verso de este cuarteto, donde “los insectos, las flores, las pieles, las fiestas”, son elementos vitales de la naturaleza que aportarán a ese fuego un vigor salvaje, una proyección extraña, pero sustancial.

El sujeto lírico integra en su enumeración una gradación: los elementos desglosados ocupan dos dominios distintos unidos en la concepción del poeta, quien indica en forma casi imperceptible el tránsito de un extremo del continuum al otro; extremos que van desde lo minúsculo de los insectos hasta lo pomposo de las fiestas; de lo estrechamente relacionado con la naturaleza, con poco o nulo contacto humano, como los insectos, a la naturalidad estética de las flores (intervención de la percepción humana, e incluso de su actividad floricultora), la ambigüedad natural-social de las pieles (como parte inherente de los mamíferos o como elemento de abrigo, ornato y prestigio en la sociedad) hasta llegar a “las fiestas”, de carácter claramente social.

Debe destacarse que la gradación señalada actúa como la serpiente que se muerde la cola: de acuerdo con la perspectiva adoptada, los elementos que la constituyen pueden identificarse indistintamente como miembros de la naturaleza o de la sociedad, el conjunto es un continuum, los límites están impuestos por la percepción.

 

 

Paralelamente, en lugar del orden presentado por el poeta, proponemos un orden relacionante de esos mismos aspectos. Tenemos así:

a) Elementos de la naturaleza en los cuales no ha intervenido el hombre: bosques, nidos, pájaros, insectos, flores. Éstos recuerdan al sujeto lírico que no está solo en este universo y que, observando a su alrededor, puede descubrir un mundo que tiende hacia lo infinito.

b) La naturaleza regida por el hombre: zarzas, campos de trigo, viñas. Predomina la noción de trabajo y la febril creación del individuo en abierto contacto con esa misma naturaleza.

c) Aspectos que pueden considerarse como ornato, que sustentan un carácter predominantemente estético: las flores, las pieles, las fiestas. El ser humano ha tomado de la natura todo aquello que le permite sentirse mejor: la hermosura de las flores, la protección que brindan las pieles, la alegría de pertenecer a ese entorno.

La última estrofa ubica una situación mucho más personal que las anteriores. Ahora se trata de decir cómo se sintió el sujeto lírico en ese encuentro con el fuego. En medio del silencio universal, sólo se oían las llamas crepitantes: dato sinestésico5 senso-auditivo y de gran valor plástico en este mismo sentido.

La expresión “perfume de su calor” es otra sinestesia. Se reúnen dos datos sensoriales diferentes: olfativo y térmico, los cuales resultan identificados en ese hermoso fuego.

Dos comparaciones son utilizadas para llevar al poema hasta su conclusión. En las dos, el elemento real es el sujeto lírico. En la primera de ellas, la voz poética se expresa diciendo: “j’étais comme un bateau coulant dans l’eau fermée” El elemento evocado es “un barco corriendo en agua cerrada”; este barco bien puede representar el desarrollo de la existencia individual de la voz poética, a partir de la presencia del fuego; dicha embarcación navega en agua cerrada, es decir, avanza hacia un puerto seguro sin detenerse a contemplar la asqueante realidad que la circunda.

En la segunda, “Comme un mort je n’avais qu’un unique élément”, el sujeto lírico se identifica con un muerto, pero lo hace a la manera surrealista, porque sólo se detiene a contemplar un aspecto de la relación que lo une al individuo muerto: la tierra es al muerto como el fuego es a la voz poética. Ha logrado así su objetivo; en una plena identificación con el fuego recupera la fe perdida y se siente ya en condiciones de volver a triunfar.

El poema analizado constituye un modelo estilístico de comprensión que nos permite entender un ejemplo de lírica contemporánea en cercanía con el surrealismo bretoniano y nos muestra además una línea de trabajo que halla su propia justificación en esa necesidad por parte del sujeto lírico de búsqueda constante, búsqueda que arraiga en los elementos representativos de un paisaje en acción creciente.

Si nos detenemos a continuación en un poema de la etapa surrealista podremos constatar algunos de los elementos reclamados por Breton en el marco de su estética. Se trata de la composición titulada “La enamorada” y que pertenece al libro La capital del dolor (1926).

 

 

La enamorada

Está de pie sobre mis párpados
y su cabello está en los nuestros,
tiene la forma de mis manos,
tiene el color de mis ojos,
se absorbe en mi sombra
como una piedra sobre el cielo.

Tiene siempre los ojos abiertos
y no me deja dormir.
Sus sueños en plena luz
hacen evaporarse los soles
me hacen reír, llorar y reír,
hablar sin tener nada que decir.

 

 

El poema se caracteriza por la llana expresión del sentimiento y por un lirismo tranquilo que manifiesta la intensidad simple de ese amor. Desde el comienzo la voz que habla advierte la presencia de la mujer amada quien, dice: “Está de pie sobre mis párpados”. Ése “estar ahí” involucra no sólo la significación del encuentro, sino también el valor trascendente que el sujeto lírico otorga a la presencia impostergable de aquella a quien ama. La metáfora empleada en este primer verso nos conduce al territorio de la imagen surrealista caracterizada precisamente por esa posibilidad de encender la mecha de la comprensión sin recurrir para ello a los esquemas tradicionales de las figuras retóricas del pasado. “Estar de pie sobre mis párpados” puede ser interpretado con el carácter impositivo de una presencia que se observa desde el marco de quien ofrece estos acontecimientos íntimos. Ella está allí y él la mira desde sus párpados que no pueden ocultar la satisfacción que les confiere esa cercanía.

 

 

Además, la identificación -dejemos de lado los pronombres “Él” y “ Ella”- entre ese “tú” y ese “yo” no tarda en producirse; porque el “tú”, ese “tú” impostergable que grita su presencia, su “estar ahí”, se parece de una manera infinita al “yo” que observa y que al mismo tiempo que lo hace es observado también. Manos y ojos representan el matiz que el primer acercamiento entre ambos nos proporciona. Los datos sinestésicos de diferente valor son empleados aquí con alcance tradicional para autorizar así la mejor elaboración de la imagen moderna total. “Forma” “color” “sombra” aluden inequívocamente a elementos visuales que en el acto de aproximarse comienzan a identificarse. Hay más todavía: “Se absorbe en mi sombra/ como una piedra en el cielo.” Toda sombra requiere de la presencia del sol para producirse; pero ésta succiona casi a la otra sombra inevitable del ser amado; y todo sucede en la relación “luz-sombra” que acude de manera inevitable cuando existe un acercamiento de dos seres que se aman. En el marco de la comparación utilizada también el cielo absorbe a la piedra o quizás a la inversa, la piedra absorbe al cielo. Este fluir lúdico del verso de Éluard tiene como finalidad poner en acción a todos los elementos de una naturaleza que se presta para revertir el símbolo y demostrar así -en términos del manifiesto bretoniano de 1924- que la naturaleza del hombre se asocia de una forma tan extravagante a los acontecimientos líricos que no sólo el individuo se ve proyectado como ser humano en esa misma naturaleza, sino que además se siente parte inequívocamente arbitraria de ella. Si el poeta -según lo expresado en el mismo manifiesto del 24- es “aparato registrador que no queda hipnotizado por aquello que registra” aquí debe comportarse como tal para lograr la imagen adecuada que proyecte la intimidad de ese encuentro.

 

 

En el marco de la segunda estrofa los símbolos entronizados en la primera regresan. El enamorado inevitablemente ama. Ese amor no lo deja dormir. Los ojos abiertos de la amada son en verdad los ojos abiertos del “yo”. Los sueños evaporan los soles y todo se mueve en medio de una imagen onírica -tan cara a Breton y a los surrealistas- en donde el sujeto lírico se complace en la contemplación hermosa de sus recuerdos de amor.

Y entonces, lo esperado quizás por un lector comprometido en la confidencia del poeta, se produce la expresión de dos sentimientos contrarios: la risa y el llanto; risa y llanto provocados por una situación que permanece de espaldas a la lógica y a la razón. Decía Pascal: “El amor tiene razones que la razón no comprende” y es precisamente apoyados en estas “razones” en donde podemos encontrar la explicación a los hechos. Pero, más aún, la hallamos en el interior conflictivo y bello de cada uno de nosotros, hombres igual que el poeta, quienes al identificarnos con él sabemos de esa risa y sabemos de ese llanto. El sujeto lírico ríe con la satisfacción que ese amor sabe dar, pero llora, temeroso quizás, por todo lo que no puede entender en la obscura lógica de ese mismo amor.

El último verso posee un carácter casi en la misma línea que algunos sonetos de Lope de Vega en donde el amor hace hablar aunque no haya nada que decir. Nuevamente la razón exige un discurso apropiado y organizado; pero el discurso de los enamorados permanece indiferente a esta ley. La enajenación de las palabras que salen sin concierto expresa la enajenación del hombre enamorado. Nada mejor que recordar aquellos versos del citado Lope los cuales corresponden a una modalidad tradicional del discurso, pero no por ello menos hermosa:

 

 

Soneto 14.

Ir y quedarse y con quedar partirse,
partir sin alma e ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse,
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo y ser demonio en pena
y de serlo jamás arrepentirse,

hablar entre las mudas soledades,
pedir, pues resta sobre fe paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma y en la vida infierno.

 

 

Hallamos aquí también el verso enamorado; las contradicciones de ese mismo amor y el hablar solo (entre las mudas soledades) nos recuerda el “Hablar sin tener nada que decir”.

Finalmente, y a manera de un final apenas anunciado, nos referiremos brevemente a otro poema, “Libertad” que corresponde al libro Poesía y verdad del año 1942 como lo expresamos al comienzo de este ensayo.

 

Libertad

Sobre mis cuadernos de colegial
Sobre el pupitre y los árboles
Sobre la arena sobre la nieve
Escribo tu nombre

Sobre todas las páginas leídas
Sobre todas las páginas en blanco
Piedra, sangre, papel o ceniza
Escribo tu nombre

Sobre las imágenes doradas
Sobre las armas de los belicosos
Sobre la corona de reyes
Escribo tu nombre

Sobre la selva y el desierto
Sobre los nidos sobre las retamas
Sobre el eco de mi infancia
Escribo tu nombre

Sobre las maravillas de las noches
Sobre el pan blanco de los días
Sobre las temporadas desposadas
Escribo tu nombre

Sobre todos mis trapos de azul
Sobre el estanque sol enmohecido
Sobre el lago luna viva
Escribo tu nombre

Sobre los campos sobre el horizonte
Sobre las alas de los pájaros
Y sobre el molino de las sombras
Escribo tu nombre

Sobre cada soplo de aurora
Sobre el mar en los barcos
Sobre la montaña lunática
Escribo tu nombre

Sobre la espuma de las nubes
Sobre los sudores de la tormenta
Sobre la lluvia gruesa e insípida
Escribo tu nombre

Sobre las formas que centellean
Sobre las campanas de los colores
Sobre la verdad física
Escribo tu nombre

Sobre las sendas despertadas
Sobre las carreteras desplegadas
Sobre los lugares que desbordan
Escribo tu nombre

Sobre la lámpara que se enciende
Sobre la lámpara que se apaga
Sobre mis casas reunidas
Escribo tu nombre

Sobre el fruto cortado en dos
Espejo y mi habitación
Sobre mi cama vacía
Escribo tu nombre

Sobre mi perro codicioso y tierno
Sobre sus orejas elaboradas
Sobre su pierna torpe
Escribo tu nombre

Sobre el trampolín de mi puerta
Sobre los objetos familiares
Sobre el mar del fuego bendito
Escribo tu nombre

Sobre toda carne concedida
Sobre la frente de mis amigos
Sobre cada mano que se tiende
Escribo tu nombre

Sobre el cristal de las sorpresas
Sobre los labios atentos
Bien sobre el silencio
Escribo tu nombre

Sobre mis refugios destruidos
Sobre mis faros aplastados
Sobre las paredes de mi problema
Escribo tu nombre

Sobre la ausencia sin deseos
Sobre la soledad desnuda
Sobre las marchas de la muerte
Escribo tu nombre

Sobre la salud vuelta de nuevo
Sobre el riesgo desaparecido
Sobre la esperanza sin recuerdos
Escribo tu nombre

Y por el poder de una palabra
Reinicio mi vida
Nací para conocerte
Para nombrarte
Libertad

 

 

La magia expresiva de este poema se fundamenta en recursos tan simples como el estribillo con que se cierra cada uno de los veinte cuartetos con la excepción del último en donde el término “Libertad” ocupa el lugar preferente. Además la repetición con carácter anafórico de la preposición “sobre” circunda todo el poema del principio al fin; la ausencia de signos de puntuación tradicionales manifiesta otra necesidad del decir lírico en donde una coma tan sólo hubiera significado entorpecimiento del inevitable fluir del sentimiento.

 

 

Sin ánimo de analizar todas y cada una de las categorías reseñadas en donde todo recuerda a la libertad comprometida a cada paso y en cada acción humana, podemos mencionar el carácter abiertamente polifónico y politemático de la composición la cual evoluciona desde la niñez del sujeto lírico hasta su madurez y pasa además por episodios representativos de la existencia humana tales como la selva y el desierto, las alas de los pájaros, la lámpara que se enciende, la lámpara que se apaga y hasta su perro codicioso y tierno.

 

 

Es así que las circunstancias poéticas de Éluard se nutren de todo aquello que pueda ser representativo de su propio microcosmos necesitado de paz y equilibrio en medio de un mundo en guerra y lucha constante.

Además el verso anafórico “Escribo tu nombre” adopta un carácter de alta trascendencia, porque el nombre que escribe es “Libertad” y no sólo lo escribe, sino que además lo dimensiona y vive en cada acto de existencia.

 

 

En conclusión, hemos analizado tres poemas de Paul Éluard que corresponden a tres momentos diferentes de su producción. “Para vivir aquí” nos ubica en la etapa anterior al surrealismo en donde la modalidad simbolista se impone. “El enamorado” refleja esquemas del surrealismo y nos permite conocer una forma de poesía que quizás no sea el fiel modelo deseado por Breton, pero que sí expresa con profunda elegancia y sentimiento matizado las vivencias de un hombre enamorado. En fin, “Libertad” abre las perspectivas del hombre político comprometido con la Resistencia Francesa en la Segunda Guerra Mundial y luego con la causa del comunismo en la última etapa de su vida.

 

 

La producción de Paul Éluard resulta enmarcada así en el terreno de lo lírico en donde destacó por el alto poder del sentimiento mostrado. Amor, vida y misterios están en él y justifican la profundidad de su misma creación.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Breton, André. Antología (1913-1966), Selección y prólogo de Marguerite Bonnet, trad. Tomás Segovia, México, Siglo XXI, 1973.

Del Prado, Javier (Coordinador). Historia de la literatura francesa, Madrid, Cátedra, 1994.

Pellegrini, Aldo (Estudio preliminar, selección, nota y traducciones). Antología de la poesía surrealista, Barcelona, Argonauta, 1981.

Real Academia de la Lengua Española. Diccionario de la lengua española, dos tomos, Madrid, Espasa Calpe, 2001.

NOTAS:

[1] Aspectos relevantes de su obra: “Su evolución puede percibirse a partir de El deber y la inquietud (Le Devoir y l’Inquiétude), 1917 o Poemas para la paz (Poèmes pour la Paix), 1918, antes de entrar en el período surrealista al que pertenecen Morir de no morir, 1924; A falta de silencio, 1925; Capital del dolor, 1926; El amor, la poesía, 1929; La vida inmediata, 1932; Los ojos fértiles, 1936. Los mismos compromisos políticos y en la Resistencia -en este sentido su “Himno a la libertad” con el que comienza Poesía y verdad, 1942, se ha convertido en un símbolo reconocido por varias generaciones, con un ritmo íntimo y dinámico próximo a la letanía y una escritura depurada en su simplicidad- le conducen a formas expresivas casi cotidianas.

Otras obras que corresponden a la última etapa: Poemas políticos, 1948; Poemas para todos, 1952; que sitúan un compromiso político en paralelo a la permanente temática amorosa.” (Javier del Prado, coordinador, Historia de la literatura francesa, Madrid, Cátedra, 1994, pp. 1210-1211)

[2] Cfr. Aldo Pellegrini. Antología de la poesía surrealista, Barcelona, Argonauta, 1981.

[3] PRIMER MANIFIESTO SURREALISTA

(Fragmento)

En homenaje a Guillermo Apollinaire, Soupault y yo dimos el nombre SURREALISMO al nuevo modo de expresión que teníamos a nuestro alcance y que deseábamos comunicar lo antes posible, para su propio beneficio a todos nuestros amigos.

Voy a definir de una vez para siempre la palabra surrealismo:

SURREALISMO: sustantivo, masculino. Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o por cualquier otro modo el funcionamiento real del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral.

ENCICLOPEDIA. Filosofía: el surrealismo se basa en la creencia en la realidad superior de ciertas formas de asociación desdeñadas desde la aparición del mismo, y en el mismo ejercicio del pensamiento. Tiende a destruir definitivamente todos los restantes mecanismos psíquicos, y a sustituirlos en la resolución de los principales problemas de la vida. Han hecho profesión de fe de surrealismo absoluto los siguientes señores: Aragon, Baron, Boiffard, Breton, Garrive, Crevel, Delteil, Desnos, Eluard, Gérard, Limbour, Malkine, Morise, Naville, Nell, Péret, Picon, Soupault, Vitrac.

Por el momento parece que los antes mencionados forman la lista completa de los surrealistas, y pocas dudas caben al respecto…

Imágenes surrealistas.

No voy a ocultar que para mí la imagen más fuerte es aquélla que contiene el más alto grado de arbitrariedad, aquélla que más tiempo tardamos en traducir a lenguaje práctico, sea debido a que lleva en sí una enorme dosis de contradicción, sea a causa de que uno de sus términos está curiosamente oculto, sea porque de ella se derive una justificación formal irrisoria, sea porque pertenezca a la clase de imágenes alucinantes, sea porque preste de un modo natural la máscara de lo abstracto a lo que es concreto, sea por todo lo contrario, sea porque implique la negación de alguna propiedad física elemental, sea porque dé risa.

He aquí un ejemplo de imagen surrealista: “El color de las medias de una mujer no es obligatoriamente la imagen de sus ojos, lo cual ha inducido a decir a un filósofo, cuyo nombre es inútil hacer constar: ‘los cefalópodos tienen más razones para odiar el progreso que los cuadrúpedos'” Max Morise.(André Breton. Antología, trad. Tomás Segovia, México, Siglo XXI, 1973.)

[5] Sinestesia: Tropo que consiste en unir dos imágenes o sensaciones procedentes de diferentes dominios sensoriales. “Soledad suave” “Verde chillón” (Diccionario de la RAE, 2001, p. 2070).

 

 

Texto Original en Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid. Por Luis Quintana Tejera, 2002.

¡Hay gentes tan desgraciadas que ni siquiera
tienen cuerpo; cuantitativo el pelo,
baja, en pulgadas, la genial pesadumbre;
el modo, arriba;
no me busques, la muela del olvido,
parecen salir del aire, sumar suspiros mentalmente, oír
claros azotes en sus paladares!

 

Vanse de su piel, rascándose el sarcófago en que nacen
y suben por su muerte de hora en hora
y caen, a lo largo de su alfabeto gélido, hasta el suelo.

 

 

¡Ay de tanto! ¡ay de tan poco! ¡ay de ellas!
¡Ay en mi cuarto, oyéndolas con lentes!
¡Ay en mi tórax, cuando compran trajes!
¡Ay de mi mugre blanca, en su hez mancomunada!

 

 

¡Amadas sean las orejas sánchez,
amadas las personas que se sientan,
amado el desconocido y su señora,
el prójimo con mangas, cuello y ojos!

 

 

¡Amado sea aquel que tiene chinches,
el que lleva zapato roto bajo la lluvia,
el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,
el que se coge un dedo en una puerta,
el que no tiene cumpleaños,
el que perdió su sombra en un incendio,
el animal, el que parece un loro,
el que parece un hombre, el pobre rico,
el puro miserable, el pobre pobre!

 

 

¡Amado sea
el que tiene hambre o sed, pero no tiene
hambre con qué saciar toda su sed,
ni sed con qué saciar todas sus hambres!

 

 

¡Amado sea el que trabaja al día, al mes, a la hora, …
el que suda de pena o de vergüenza,
aquel que va, por orden de sus manos, al cinema,
el que paga con lo que le falta,
el que duerme de espaldas,
el que ya no recuerda su niñez;
amado sea el calvo sin sombrero,
el justo sin espinas,
el ladrón sin rosas, rosas,
el que lleva reloj y ha visto a Dios,
el que tiene un honor y no fallece!

 

 

¡Amado sea el niño, que cae y aún llora
y el hombre que ha caído y ya no llora!

 

 

¡Ay de tanto! ¡Ay de tan poco! ¡Ay de ellos!

Lo que se ha ido

se remonta hasta mí otra vez

y yo me vuelvo un río.

Los recuerdos desconocidos

se abren en la noche

y yo fluyo de pronto hacia su adentro.

(Pero el pozo del mundo no podría colmarlo.

No puedo ser todas las nubes.

Soy menos que una gota de rocío.)

 

河 

 

 

過ぎたことが

ふたたび私を遡ってきた

私は河になる

見知らぬ記憶が

その夜を開くと

私はどっとその中へ流れこんでゆく

(だが私は世界の井戸を満たせない

すべての雲になれない

一滴の露でもない)

 

 

谷川俊太郎  / Shuntarô Tanikawa

 

La propia punta de los pies, se ve terriblemente lejos

los cinco dedos, como cinco desconocidos, 

se congregan indiferentes 

junto a la cama hay un teléfono que me conecta al mundo 

pero no hay nadie a quien quiera llamar 

desde que recuerdo, mi vida sólo consiste en tareas por hacer 

ni mi padre ni mi madre me enseñaron cómo hablar de 

[las cosas que suceden en el mundo 

me apoyo en versar de una frase a otra desde hace cuarenta años 

si me preguntan: ¿tú quién diablos eres?, responder “soy un poeta” como lo más seguro 

es algo ambiguo 

cuando abandoné a aquella mujer… ¿era un poeta? 

cuando como mi papa asada favorita … ¿soy un poeta? 

yo, el de la cabeza adelgazada… ¿acaso un poeta? 

hombres semejantes, de edad mediana y que no son poetas, abundan 

yo sólo soy un niño ingenuo 

que persigue mariposas de palabras bellas 

ese niño —genio y figura— 

jamás notó el herir a otros 

sino hasta su sepultura

 

la poesía

 

es tan absurda

Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo…
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.

 

 

I

 

 

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una luna
que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

 

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

 

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche , que se llama sueño.

 

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor, y un símbolo,

 

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

 

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

 

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

Antes que el viento fuera mar volcado,
que la noche se unciera su vestido de luto
y que estrellas y luna fincaran sobre el cielo
la albura de sus cuerpos.

 

Antes que luz, que sombra y que montaña
miraran levantarse las almas de sus cúspides;
primero que algo fuera flotando bajo el aire;
tiempo antes que el principio.

 

Cuando aún no nacía la esperanza
ni vagaban los ángeles en su firme blancura;
cuando el agua no estaba ni en la ciencia de Dios;
antes, antes, muy antes.

 

Cuando aún no había flores en las sendas
porque las sendas no eran ni las flores estaban;
cuando azul no era el cielo ni rojas las hormigas,
ya éramos tú y yo

Raymundo Manzanares: No te acuerdes.

Orgullosamente le cedo un espacio en el cine signo a la poesía de un amigo mío quien con ella, participa en el tercer concurso de Poesía de Heptagrama.

 

 

Mis mejores deseos, Ray.

 

 

NO TE ACUERDES

 


Acuérdate de Acapulco

María bonita,

María del alma. . .

Agustín Lara

 


Prólogo

 


Un día volviste para buscarte

en el lugar menos adecuado,

ahí, donde fuiste parido

en el llamado, otrora,

fragmento del edén:

Acapulco de Juárez,

de tu madre la casa.

Llevabas a tu nueva amante,

la ubicua soledad,

a tu lomo adherida;

llegaste adolorido y cansado

porque ella pendía de tu cuello

con brazos fríos y nervudos;

la sacudías de ti,

ella no te soltaba;

la ignorabas, ella reía;

cierto crepúsculo intentaste

ahogarla en el mar

entre las ingles

de una escurridiza falacia

la mentira se diluyó

en el fondo del agua,

tu amante se quedó contigo,

compartiendo el salado océano,

tu amante se colgó a tu sexo

dejándolo salitroso y entelerido,

tu amante te devoró

con la avidez de siempre,

cuando del mar saliste

ella bebió tu agua

y dejó en ti. . . su sal.

 

 

Capítulo I

 


Una tarde conociste a Celeste,

pero no te acuerdes por favor,

ella tendió un cable de acero

de sus ojos a tus nervios

y quedaste atrapado.

Tus ojos besaron su frente,

párpados, pómulos

y cada centímetro

de descubierta piel.

Su piel: Noche sin estrellas.

Su negra piel:

Claro reflejo de tu alma sombra.

Tu mirada acarició

el soberbio volumen

mal contenido en el escote,

el estrecho manojo de centeno

de su cintura,

la deliciosa curvatura

de sus glúteos

y Celeste fue tu amada.

A escondidas de su amo

Celeste te perseguía,

no corriste nunca,

el recorrido hecho por tus ojos

lo repitieron las manos

nariz, labios, lengua, sexo.

Tú que no conocías

La pasión verdadera

con Celeste conociste el cielo,

supiste que no huele

a flor de azahar,

supiste que no huele

a cempasúchil:

Huele a sudor de negra

y este olor

se impregna en la piel

por días enteros.

Cada vez

que Celeste partía

tu alma transitaba

del infierno los caminos.

Celeste te mostró con su pelvis

los minuciosos, deliciosos

e increíbles secretos del vuelo,

las alas de los ángeles

no están en la espalda.

El cielo es angosto,

caben sólo dos a una vez,

pero no se puede visitar

sin compañía.

Tu ángel negro se fue,

volvió a Dios

y aprendiste, por fin,

que no se llama

Visnú ni Jehová ni Alá;

el nombre de Dios

tiene tres sílabas

y con la letra “d” inicia,

pero no lo diré

porque aún eres ateo,

Dios contigo no está

ni te sonríe

ni te ha bendecido.

 

 

Capitulo II

 


No te acuerdes que el cielo

se hizo añicos

bajo tu infierno aplastante,

Las nubes de semen

se hicieron translúcidas

y tu muñeca se inflamaba,

el cielo se encendió

en fuego anaranjado,

blanda se hizo la tierra,

tus huesos quebradizos.

Para no hundirte en el suelo

de abismos más pletórico

a cada paso dado

te agarrabas de las raíces,

pero tenían espinas

para desgarrar tu piel,

para engarrotar tus dedos;

mientras colgabas de ellas

los alacranes comían tu estómago,

las sanguijuelas se prendieron

a la escasa carne

hallada en tus tobillos,

tu vientre se hizo flácido,

se volvió un vacío costal.

Llenado después

con huevos de alacrán.

Tu vientre murió un día.

Tu vientre aún no despierta.

tu vientre es una bolsa

que parirá escorpiones

cuando se abra el nudo

depositado en tu pecho.

El nudo en tu pecho bombea hiel,

amarga tus oídos,

obstruye tu nariz,

al sube-y-baja juega

en el recinto de tu garganta,

aletarga tus pulmones,

pero no mueres.

Quieres arrancarte

las venas a mordidas,

quieres arrojarte al océano

atado a una roca,

quieres poner tu cabeza

en el suelo al paso de un tráiler,

quieres morir, así, de inmediato,

pero no te atreves.

La negra se marchó

a tu amante regresándote,

la misma de antes,

hoy endurecida.

La negra se marchó

a tu amante devolviéndote,

envejecida

y con nuevo nombre:

“Su ausencia”.

La negra te dejó.

Tú besabas sus pies flotantes

a cambio ella descendía

para pisotearte con saña.

Te despreció la negra

porque Dios no es contigo.

La negra amor no tiene,

pero tiene a Dios en su bolsa,

Dios es con ella y ella con Dios.

 

 

Capitulo III

 

 

No te acuerdes que buscaste

a una mujer de tierra

y la terrea mujer te buscó a ti

para que en ella te sembraras;

tierra fresca, fértil,

deseosa de tu semilla,

de tu fluido vital,

de que habitaras en sus cavernas,

pero la tierra amar no puedes

cuando el cielo estás deseando

sin regar la dejaste

porque estabas seco,

no la pudiste beber:

Tus labios estaban sellados.

Abandonaste la tierra

para que fuera de otros sembrada,

nutrida, bebida, mojada.

Te mudaste a las rocas quebradizas,

se falsearon tus tobillos

una, dos, diez mil veces.

Tu vida es árida:

dura y gélida tras el ocaso,

caliente y seca tras el amanecer.

Volviste a la playa

en busca de la mentira crepuscular,

la horadaste al fin,

mas descubriste que al cielo

no lo suplen ni agua ni arena.

Te incrustaste en la falacia,

pero no pudiste ahogar

“su ausencia”.

Acapulco es el paraíso

para quien tiene a Dios entarjetado,

para los sin Dios es el purgatorio.

 

 

Capitulo IV

 

 

No te acuerdes

que partiste del puerto

para no matarte,

para no matarla,

para no matar

a quien la llena de Dios.

No te acuerdes

que has tenido que reinventarte

destinos olvidados,

los cuales, tarde o temprano,

te llevaran a Dios

o a la muerte.

El camino a Dios

está lleno de espinas,

estiércol y sudor.

No te acuerdes

que la sombra de “Su ausencia”

empaña tus ojos.

No te acuerdes

que necesitas caricias

y palabras dulces en tu oído.

No te acuerdes

que a orillas del mar

lloraste sangre por tu negra.

Todo era negro sin el ángel:

mar negro,

cielo negro,

arena negra,

pensamientos negros,

aire negro,

sangre negra

. . .

No te acuerdes que el golpe

te fue desgajando:

se pudrió tu pierna,

se quebró tu pelvis,

reventaron los vasos capilares

de tus ojos,

tus dientes se corroyeron,

tus labios se resecaron,

tu lengua se hizo pastosa,

tu aliento fétido,

tu cerebro se petrificó,

tu alma se asfixia.

 

 

Epílogo

 


Ahora, sin el ángel,

te has dado a la dolorosa,

la minuciosa tarea

de reconstruirte,

de caminar nuevamente

hacia metas olvidadas,

partiendo una vez más

del cero absoluto,

de la nada

en que el celeste demonio

te ha dejado.

Un día volverás

con Dios en las manos,

pasearás con él

frente a su puerta

y cerrarás el ciclo

al recuperarla,

olvidarla

o morir,

pero por favor,

NO TE ACUERDES.

 

 

(Versión marzo.2010)

 

 

Raymundo Manzanárez

Mexicano

Wisława Szymborska: Flechazo.

Ambos están convencidos

de que los ha unido un sentimiento repentino.

Es hermosa esa seguridad,

pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían

no había sucedido nada entre ellos.

¿Qué dirían las calles, las escaleras y los pasillos

donde quizá tantas veces se cruzaron?

Me gustaría preguntarles

si no recuerdan

quizá un encuentro frente a frente

en una puerta giratoria,

o algún “disculpe” entre la multitud

o un “está equivocado” al otro lado del teléfono…

Pero sé su respuesta.

No, no lo recuerdan.

Se sorprenderían

de saber que ya hace mucho tiempo

que la casualidad juega con ellos,

una casualidad no del todo preparada

para convertirse en su destino,

que los acercaba y alejaba,

que se interponía en su camino

y, ahogando una carcajada,

de un brinco se apartaba.

Hubo signos, señales, presagios

pero qué hacer si no eran comprensibles.

¿No habrá revoloteado

la misma hoja de un hombro al otro hombro

hace tres años

o incluso el último martes?

Tal vez hubo algo perdido y encontrado por el otro.

Quién sabe si alguna pelota

en los matorrales, en su infancia.

O los mismos picaportes y timbres

en los que un tacto

se sobrepuso al otro tacto.

O maletas, una junto a otra, en una consigna.

Quizá una cierta noche, tuvieron el mismo sueño

diluido en sombras inmediatamente después de despertar.

Porque no hay comienzo

que continuación no sea,

y el libro de los acontecimientos

se encuentra siempre abierto a la mitad.

 

 

Miłość od pierwszego wejrzenia

Oboje są przekonani,

że połączyło ich uczucie nagłe.

Piękna jest taka pewność,

ale niepewność piękniejsza.

Sądzą, że skoro nie znali się wcześniej,

nic między nimi nigdy się nie działo,

A co na to ulice, schody, korytarze,

na których mogli się od dawna mijać?

Chciałabym ich zapytać,

czy nie pamietają –

może w drzwiach obrotowych

kiedyś twarzą w twarz?

jakieś “przepraszam” w ścisku?

głos “pomyłka” w słuchawce?

– ale znam ich odpowiedź.

Nie, nie pamietają.

Bardzo by ich zdziwiło,

że od dłuższego już czasu

bawił się nimi przypadek.

Jeszcze nie całkiem gotów

zamienić się dla nich w los,

zbliżał ich i oddalał,

zabiegał im drogę

i tłumiąc chichot

odskakiwał w bok.

Były znaki, sygnały,

cóż z tego, że nieczytelne.

Może trzy lata temu

albo w zeszły wtorek

pewien listek przefrunął

z ramienia na ramię?

Było coś zgubionego i podniesionego.

Kto wie, czy już nie piłka

w zaroślach dzieciństwa?

Były klamki i dzwonki,

na których zawczasu

dotyk kładł się na dotyk.

Walizki obok siebie w przechowalni.

Był może pewnej nocy jednakowy sen,

natychmiast po zbudzeniu zamazany.

Każdy przecież początek

to tylko ciąg dalszy,

a księga zdarzeń

zawsze otwarta w połowie.